Actualidad en seguridad online y cómo blindar tu Windows

  • El fin del soporte de Windows 10 aumenta de forma notable la exposición a vulnerabilidades y ciberataques.
  • Windows 10 y 11 incluyen funciones de seguridad nativas (SmartScreen, UAC, aislamiento del núcleo, BitLocker, antiransomware) que conviene activar y configurar bien.
  • Buenas prácticas como MFA, contraseñas robustas, actualizaciones constantes y copias de seguridad reducen al mínimo el impacto de posibles incidentes.
  • Formación en ciberseguridad y uso de herramientas avanzadas de red y protección de datos completan una estrategia sólida para proteger equipos y cuentas.

Seguridad online en Windows

La seguridad online en Windows se ha convertido en un tema crítico tanto para usuarios domésticos como para empresas. Los ataques son más sofisticados, los ciberdelincuentes no descansan y, para rematar, se acerca el fin del soporte de Windows 10, lo que va a dejar millones de equipos mucho más expuestos si no se toman medidas a tiempo.

En este artículo encontrarás una guía de seguridad y privacidad en Windows, cómo afecta el final de las actualizaciones de Windows 10, qué funciones de seguridad debes activar en Windows 11 y Windows 10, y qué buenas prácticas y herramientas (de software y hardware) conviene usar para blindar tu PC, tu red y tus datos personales en el día a día.

Panorama actual de la ciberseguridad en Windows

La realidad es que los ciberataques crecen año tras año y España se ha convertido en uno de los países más presionados por los ciberdelincuentes. Según el último Balance de Ciberseguridad del INCIBE, durante 2024 se gestionaron en España unos 97.348 incidentes, de los cuales más de 31.540 afectaron a empresas de todo tipo, desde grandes organizaciones hasta micropymes y autónomos.

Además, se identificaron más de 183.851 sistemas vulnerables en territorio español, lo que deja claro que todavía hay mucho camino por recorrer en materia de prevención. A esta situación se suma un dato especialmente preocupante: en el segundo trimestre de 2025, las empresas en España han sufrido de media unos 1.950 incidentes semanales, según Check Point Research. Traducido al día a día, hablamos de casi 2.000 intentos de ataque cada semana por empresa.

Estos incidentes provocan interrupciones de servicio, pérdidas económicas y daños reputacionales que, en muchos casos, tardan meses (o años) en corregirse. Ya no se trata solo de virus molestos, sino de ransomware que cifra archivos, robos de identidad, secuestro de cuentas o filtraciones masivas de datos sensibles.

En este contexto, la combinación de buenas prácticas de seguridad, funciones nativas de Windows y herramientas externas es clave para reducir al mínimo el riesgo, tanto en casa como en la oficina.

Fin del soporte de Windows 10: por qué es un problema serio

Fin de soporte de Windows 10

El 14 de octubre de 2025 marcó la fecha en la que Windows 10 dejará de recibir actualizaciones de seguridad gratuitas, parches de software y soporte técnico estándar por parte de Microsoft. El sistema seguirá arrancando y funcionando como siempre, pero se convertirá progresivamente en un blanco fácil.

Cuando un sistema operativo deja de actualizarse, las vulnerabilidades nuevas que se descubren ya no se corrigen. Los atacantes, que están constantemente investigando debilidades en los sistemas, aprovechan estos fallos conocidos para lanzar campañas masivas. Es lo que se suele llamar convertir al sistema en un “coladero” de seguridad: cualquier agujero se queda abierto indefinidamente.

Los expertos de Check Point Software insisten en que la transición desde Windows 10 supone un reto organizativo y económico, pero que con una buena planificación se puede gestionar sin traumas. Eso implica valorar qué equipos pueden actualizar a Windows 11, cuáles deben ser sustituidos, qué aplicaciones corporativas dependen de Windows 10 y qué capas adicionales de seguridad (o actualizaciones de seguridad extendidas) se van a necesitar mientras dure el proceso.

Quedarse en Windows 10 sin actuar es, a medio plazo, aceptar un riesgo elevado de sufrir ciberataques. Especialmente preocupante es la exposición a ransomware, al robo de datos confidenciales o a la explotación de vulnerabilidades críticas que ya no recibirán parche.

Por ello, la recomendación general es migrar a Windows 11 u otro sistema con soporte activo siempre que sea posible, y acompañar esa transición con soluciones de seguridad avanzadas, políticas de acceso restringido, copias de seguridad periódicas y una buena formación en ciberseguridad para todos los usuarios.

Funciones nativas de seguridad en Windows 10 y Windows 11 que debes activar

Más allá de instalar un antivirus de terceros, Windows integra de serie múltiples capas de protección (ASR en Windows) que muchos usuarios o bien no conocen, o bien dejan desactivadas sin darse cuenta. Activarlas y configurarlas de forma adecuada puede marcar una gran diferencia en la prevención de ataques.

En ambos sistemas, Seguridad de Windows (antes Windows Defender) centraliza muchas de estas características, pero conviene repasar algunas de las más importantes, tanto en Windows 10 como en Windows 11, y cómo aprovecharlas de verdad.

SmartScreen de Microsoft Defender y protección basada en reputación

SmartScreen y seguridad en Windows

La función SmartScreen de Microsoft Defender está pensada para frenar aplicaciones y descargas maliciosas antes de que lleguen a ejecutarse. Lo que hace es comparar archivos, sitios web y descargas con una base de datos mantenida por Microsoft que se actualiza de forma continua.

Si un ejecutable o una página web tiene mala reputación o es desconocido para el sistema, SmartScreen muestra advertencias claras y, en muchos casos, bloquea la ejecución por defecto y se puede complementar con soluciones de control de aplicaciones, por ejemplo configurar AppLocker en entornos corporativos.

Para revisar su configuración en Windows 10 u 11, hay que entrar en Configuración > Privacidad y seguridad > Seguridad de Windows > Control de aplicaciones y exploradores y luego abrir la sección de protección basada en reputación. Lo habitual es que venga activada de serie, pero si se ha cambiado algo o ha habido una manipulación no autorizada, puede estar deshabilitada sin que lo sepas.

Conviene mantener todas las opciones de filtrado en el nivel más estricto que sea viable para tu uso, de manera que Windows pueda cortar de raíz la mayoría de intentos de ejecutar software sospechoso descargado desde internet.

Protección contra ransomware y control de acceso a carpetas

Una de las amenazas más dañinas en la actualidad es el ransomware, que cifra tus documentos, fotos y archivos y exige un rescate para recuperarlos. Para mitigar este riesgo, Seguridad de Windows incorpora una función de protección contra ransomware que limita qué aplicaciones pueden modificar el contenido de determinadas carpetas.

Esta característica se basa en el control de acceso a carpetas: solo las aplicaciones que el sistema considera de confianza pueden escribir en ubicaciones protegidas, como Documentos, Imágenes u otras rutas que decidas añadir. Si un programa no autorizado intenta cifrar esos archivos, Windows lo bloquea y te avisa.

Para activarlo, debes ir a Configuración > Seguridad de Windows > Protección antivirus y contra amenazas > Protección contra ransomware y asegurarte de que el control de acceso a carpetas está habilitado. Puedes personalizar qué carpetas proteger y qué aplicaciones permites.

Combinado con copias de seguridad incrementales externas, este sistema ofrece una barrera muy eficaz frente a muchos tipos de ransomware, reduciendo las posibilidades de perder datos críticos incluso aunque el malware consiga ejecutarse.

Revisión de permisos de aplicaciones: cámara, micrófono, ubicación y más

Otro punto que suele pasar desapercibido es el de los permisos que se conceden a aplicaciones y servicios. Muchos programas piden acceso a la cámara, al micrófono, a la ubicación, a la lista de contactos o al almacenamiento sin que realmente lo necesiten, y eso abre la puerta a abusos de privacidad y espionaje.

En Windows 10 y 11 puedes revisar de forma centralizada estos permisos desde Configuración > Privacidad y seguridad. Ahí encontrarás secciones para Ubicación, Cámara, Micrófono y otros recursos sensibles, así como el apartado de “Permisos de Windows” y “Permisos de la aplicación”.

La idea es que solo las apps de confianza y estrictamente necesarias puedan usar esos recursos. Si una aplicación que apenas utilizas tiene acceso al micrófono o a la cámara, plantéate revocarlo. Reducir al mínimo estos privilegios limita lo que un atacante podría hacer si lograra comprometer esa aplicación. También es importante considerar la seguridad de agentes de IA y los permisos que estas herramientas pueden solicitar.

Además, muchos problemas de filtración de datos personales se producen por exceso de información compartida sin darnos cuenta, ya sea en redes sociales, foros de ayuda donde publicamos capturas con datos visibles o registros de sistema que exponemos sin revisar. Cuanto menos expongas, más difícil lo tendrá cualquiera que quiera atacarte usando ingeniería social.

Seguridad avanzada en Windows 11: UAC y aislamiento del núcleo

Windows 11 llega con un enfoque más agresivo en términos de seguridad por defecto, pero sigue siendo configurable. Dos de las funciones más relevantes para endurecer el sistema sin necesidad de instalar nada extra son el Control de cuentas de usuario (UAC) y la integridad de memoria dentro del aislamiento del núcleo.

El UAC actúa como un portero que supervisa los intentos de realizar cambios con privilegios de administrador. Si el nivel está demasiado bajo, apenas verás avisos y cualquier instalador malicioso puede conseguir permisos elevados con facilidad. Si está muy alto, recibirás más notificaciones, pero tendrás un control mucho más fino sobre lo que se ejecuta con derechos de administrador.

Para cambiarlo, basta con buscar en la barra de tareas “Configuración de control de cuentas de usuario” y mover el deslizador. Cuanto más abajo esté, menos restricciones habrá y menos avisos verás. En el extremo superior, Windows te alertará siempre que una app quiera modificar la configuración del sistema o instalar software. Si priorizas la seguridad por encima de la comodidad, situar el control en el nivel más alto es lo más recomendable. Para más consejos prácticos puedes consultar trucos esenciales para blindar tu PC.

Por otro lado, la integridad de memoria dentro del aislamiento del núcleo usa técnicas de virtualización para separar procesos críticos del sistema de otros componentes menos confiables. Así se dificulta que un atacante pueda inyectar controladores maliciosos o manipular estructuras internas del sistema operativo.

Para activarla, abre Seguridad de Windows desde la barra de búsqueda, entra en “Seguridad del dispositivo” y, dentro, accede a la sección “Aislamiento del núcleo”. Si ves que la opción de integridad de memoria está desactivada, puedes habilitarla con un simple interruptor para añadir una capa adicional de defensa a nivel de kernel, muy útil en equipos donde se ejecuta software de procedencia variada.

Microsoft Defender, TPM, BitLocker y claves de recuperación

En los últimos años, Microsoft ha ido reforzando el ecosistema de seguridad en torno a Microsoft Defender y las tecnologías de protección de hardware como TPM y BitLocker. Entender qué hace cada pieza ayuda a sacarles más partido.

Por un lado, la app Microsoft Defender integrada en Microsoft 365 Familia y Personal ofrece una visión centralizada de la seguridad para todos tus dispositivos (Windows, iOS, Mac y Android) e incluye monitorización del robo de identidad, notificaciones en tiempo real y recomendaciones de seguridad. Es un complemento interesante para quienes ya pagan la suscripción de Microsoft 365 y quieren controlar mejor lo que pasa en sus equipos y cuentas.

En lo relativo al hardware, uno de los requisitos para instalar Windows 11 es contar con un TPM (Trusted Platform Module) 2.0. Este chip actúa como un ancla de confianza, almacenando claves criptográficas y permitiendo funciones como el arranque seguro. No necesitas manejarlo directamente para notar sus efectos, pero es la base de muchas características avanzadas de seguridad de Windows 11.

Ligado a ello está BitLocker, el sistema de cifrado de unidades integrado en Windows. BitLocker protege los datos almacenados en las unidades locales, de modo que, si alguien roba físicamente el disco o el portátil, no pueda acceder al contenido sin la clave correspondiente. Eso sí, hay un punto crítico: la clave de recuperación.

Si por algún motivo (un cambio de hardware, una actualización de firmware, una modificación en la BIOS…) el sistema pide la clave de recuperación de BitLocker y no la tienes guardada, Microsoft no puede generarte una nueva ni sustituir la perdida. Por tanto, es esencial crear copias de seguridad de esa clave, ya sea en tu cuenta de Microsoft, en una unidad externa o incluso impresa en papel y guardada a buen recaudo.

Hacer esa copia apenas lleva unos minutos y puede evitar que pierdas acceso a todos tus datos cifrados por un simple cambio técnico en el equipo.

Buenas prácticas esenciales para usuarios: higiene digital del día a día

Las herramientas de seguridad están muy bien, pero la primera línea de defensa eres tú como usuario. Muchas infecciones y estafas se cuelan porque se hace clic en el enlace equivocado o se confía en un mensaje que parecía legítimo. Aquí entran en juego los hábitos básicos que conviene tener siempre presentes.

Lo más importante hoy en día es activar la autenticación multifactor (MFA o 2FA) en todas las cuentas sensibles: correo electrónico, banca online, servicios corporativos, redes sociales, etc. Incluso si te roban la contraseña, el segundo factor (código SMS, aplicación de autenticación, llave física, huella, etc.) actuará como un muro adicional.

En segundo lugar, toca el clásico pero imprescindible capítulo de las contraseñas. Lo ideal es que sean largas, únicas y difíciles de adivinar (al menos 12 caracteres mezclando mayúsculas, minúsculas, números y símbolos), y que no se repitan entre servicios. Como memorizar tantas claves es imposible, lo sensato es usar un gestor de contraseñas fiable.

También es fundamental mantener todo el software actualizado: sistema operativo, navegador, programas habituales, drivers e incluso firmware. Las actualizaciones no solo añaden funciones, sino que corrigen agujeros de seguridad que los atacantes aprovechan en cuanto pueden. Activar las actualizaciones automáticas en Windows Update y en tus aplicaciones principales evita muchos quebraderos de cabeza.

Por último, adopta cierto escepticismo sano ante correos, mensajes o llamadas que pidan datos personales, generen sensación de urgencia o propongan ofertas demasiado buenas para ser verdad. La ingeniería social y el phishing son responsables de una enorme cantidad de incidentes. Pararse un minuto a pensar y comprobar el remitente, la URL real o el contexto del mensaje suele bastar para detectar el engaño.

Seguridad de la red doméstica y empresarial: Wi-Fi, firewall y segmentación

Tu ordenador no vive aislado: la red a la que se conecta es otra pieza clave de la seguridad. Una Wi-Fi mal configurada o un router con contraseñas por defecto pueden tirar por tierra todas las demás medidas que apliques en el equipo.

Para empezar, asegúrate de que tu router usa cifrado WPA3 (o al menos WPA2) y de que tanto la contraseña de la red como la del propio dispositivo se han cambiado respecto a las que venían de fábrica. Esto complica mucho que un vecino espabilado o un atacante cercano puedan colarse en tu red inalámbrica. Además, sigue guías prácticas para mantener la infraestructura de red segura y actualizada.

Cuando sea posible, conviene segmentar la red en varias zonas (por ejemplo, una red para invitados separada de la red principal, o VLANs en entornos empresariales). De este modo, si un dispositivo se infecta, se reduce el alcance del ataque y se evita que se propague libremente a otros sistemas más críticos.

El firewall también juega un papel activo en este frente. Windows incluye un cortafuegos integrado que viene activado por defecto, pero en redes más complejas se puede complementar con firewalls de hardware o soluciones UTM que filtran el tráfico entrante y saliente, bloquean conexiones sospechosas y añaden funciones como IDS/IPS o filtrado web.

En empresas, especialmente, tecnologías como NIDS/NIPS, proxies seguros, NAC o balanceadores con protección anti-DDoS ayudan a controlar quién entra en la red, desde qué dispositivos y en qué condiciones, y a detectar rápidamente patrones anómalos que indiquen un ataque en curso.

Copias de seguridad, cifrado y protección de datos sensibles

Una buena estrategia de seguridad siempre asume que, tarde o temprano, algo puede fallar. Por eso las copias de seguridad y el cifrado de datos son tan importantes: no evitan el incidente, pero minimizan sus consecuencias.

Lo recomendable es seguir la conocida regla 3-2-1 de backup: al menos 3 copias de tus datos, almacenadas en 2 tipos de soportes distintos, y 1 de esas copias situada en otra ubicación (off-site), como la nube o un lugar físico diferente, y usar historial de archivos o servicios automáticos para facilitar las restauraciones.

En cuanto al cifrado, soluciones como BitLocker, VeraCrypt, Cryptomator o discos SED con cifrado por hardware permiten proteger tanto unidades completas como carpetas y archivos concretos. Aunque incrementa ligeramente el uso de recursos, compensa con creces al dificultar enormemente que alguien pueda sacar partido de la información aunque se haga con el soporte físico.

En el ámbito empresarial, tecnologías de DLP (Data Loss Prevention) añaden controles adicionales para evitar fugas de información sensible, ya sea por correo, por subida a la nube o mediante dispositivos externos. Y en todos los casos, tener claro qué datos son realmente críticos y dónde se almacenan es básico para aplicar el nivel de protección adecuado.

Complementando todo esto, un buen gestor de contraseñas y sistemas de gestión de identidades y accesos (IAM) como Active Directory o Keycloak ayudan a centralizar permisos, revocar accesos rápidamente cuando alguien abandona la organización y aplicar políticas fuertes (rotación obligatoria de contraseñas, bloqueo por intentos fallidos, etc.).

Formación, estafas online y recursos de aprendizaje en seguridad

Por muy avanzado que sea el antivirus, el firewall o el cifrado, el eslabón más débil suele seguir siendo la persona que está delante del teclado. De ahí que la formación en ciberseguridad sea una inversión imprescindible, tanto a nivel individual como en empresas.

Microsoft, por ejemplo, ofrece vídeos cortos y gratuitos sobre conceptos básicos de seguridad en YouTube, pensados para usuarios sin conocimientos técnicos. Estos materiales explican, sin jerga complicada, cómo reconocer estafas, proteger cuentas, navegar con cabeza y entender los riesgos más comunes.

Además, en la propia web de soporte de Microsoft tienes una sección de aprendizaje y ayuda en seguridad donde se abordan temas como el uso correcto de Seguridad de Windows, cómo proteger la privacidad online, o cómo detectar y evitar las típicas estafas de soporte técnico que se hacen pasar por Microsoft para robar dinero o instalar malware.

Las llamadas y ventanas emergentes que afirman que tu ordenador tiene un problema grave y que debes llamar urgentemente a un supuesto “técnico autorizado” son un clásico. En la mayoría de los casos, no hay nada malo en tu equipo; son fraudes diseñados para que el estafador tome control remoto del PC, instale software malicioso o cobre por “reparaciones” inexistentes.

Conocer estas tácticas, saber cómo se presentan los ataques de phishing y tener interiorizado que ninguna empresa legítima te pedirá contraseñas ni acceso total al equipo por sorpresa reduce drásticamente las posibilidades de caer en la trampa.

La combinación de funciones de seguridad integradas en Windows, herramientas adicionales de software y hardware, buenas prácticas de uso, formación continua y una adecuada planificación de la transición desde Windows 10 permite construir un entorno mucho más robusto frente a malware, ransomware, robo de identidad y otras amenazas online que siguen creciendo día tras día.

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