Aunque hoy en día instalar Windows 8 u 8.1 es más una excentricidad que una buena idea, sigue habiendo usuarios que necesitan recuperar este sistema para equipos antiguos, compatibilidad con programas viejos o simple nostalgia. El problema es que hablamos de un sistema sin soporte, con riesgos de seguridad importantes y ciertas dificultades para encontrar medios de instalación actualizados.
En esta guía vas a encontrar todo lo necesario para entender, instalar, configurar y exprimir Windows 8 y Windows 8.1 en versiones antiguas: desde sus diferencias con Windows 7, requisitos, descarga y creación de USB de arranque, hasta trucos, atajos de teclado, gestión de varios monitores, seguridad y optimización. El objetivo es que, si decides usarlo, lo hagas con cabeza y minimizando riesgos.
Situación actual de Windows 8 y Windows 8.1: soporte, riesgos y alternativas

Lo primero es dejarlo claro: Windows 8 dejó de recibir soporte el 12 de enero de 2016, y Windows 8.1 se quedó sin actualizaciones el 10 de enero de 2023. Eso implica que no hay parches de seguridad nuevos desde esas fechas, por lo que cualquier vulnerabilidad descubierta después queda sin corregir.
Además, Microsoft ya no distribuye legalmente imágenes ISO de Windows 8. En el caso de Windows 8.1 la situación es algo mejor, porque durante bastante tiempo fue posible descargar su ISO directamente desde los servidores de la compañía, aunque este acceso también puede variar con el tiempo y algunas actualizaciones (como la Update 2) han desaparecido de los canales oficiales.
¿Qué significa esto en la práctica? Que usar Windows 8/8.1 en un equipo conectado a Internet con datos importantes es una mala idea. Son sistemas con fallos de seguridad conocidos, sin mitigaciones modernas y cada vez con menos software compatible. Para un PC secundario, de pruebas, o desconectado de la red, puede tener sentido; para el equipo principal, no.
Si buscas algo mínimamente fiable, a día de hoy lo más sensato es instalar Windows 10 u 11, o plantearte una distribución Linux ligera en equipos más viejos. Pero si aun así necesitas Windows 8 o 8.1 (por software antiguo, hardware específico, formación o simple curiosidad), puedes seguir este tutorial bajo tu propia responsabilidad.
Características clave de Windows 8 y 8.1: qué cambió frente a Windows 7

Windows 8 supuso un giro radical respecto a Windows 7. La interfaz Aero con transparencias se sustituyó por la llamativa Metro UI, pensada para pantallas táctiles y tablets. Esta decisión buscaba unificar escritorio, tablets y móviles (Windows Phone) en una misma filosofía visual, apostando por los “live tiles” o azulejos dinámicos.
En esta primera versión, Microsoft trató de relegar el escritorio clásico a un segundo plano, ocultando el menú Inicio tradicional y llevando al usuario a la Pantalla de Inicio de Metro tras entrar en sesión. El cambio fue tan brusco que muchos usuarios consideraron que el sistema era poco intuitivo con ratón y teclado.
Pese a las críticas, Windows 8 introdujo funciones importantes: apareció por primera vez la Microsoft Store y las aplicaciones nativas, llegó OneDrive integrado (por entonces SkyDrive), se añadió la pantalla de bloqueo tipo móvil, un panel de Configuración modernizado y un nuevo Explorador de archivos con cinta Ribbon como en Office 2007.
También mejoró el soporte de hardware, con drivers incluidos de serie, soporte nativo para USB 3.0 y una base de controladores mucho más amplia. Se rediseñaron los clásicos pantallazos azules, se eliminaron elementos históricos como Media Center, el Maletín, los gadgets de escritorio o Windows DVD Maker, y desapareció el modo Windows XP.
Windows 8 fue además la primera versión de escritorio en integrar a fondo el concepto táctil: gestos desde las esquinas, Charms bar (Configuración, Buscar, Compartir…), aplicaciones a pantalla completa y gestión de apps en modo inmersivo. Todo esto, que sobre el papel sonaba bien, resultó poco práctico para gran parte de los usuarios de PC tradicionales.
Windows 8 frente a Windows 8.1: cambios, mejoras y actualizaciones grandes

Un año después del lanzamiento original, Microsoft lanzó Windows 8.1 como actualización gratuita para los usuarios de Windows 8. No era un sistema nuevo, sino una revisión profunda, equivalente a un gran Service Pack, centrada en corregir errores y mejorar la usabilidad.
Entre los cambios más visibles, volvió el botón de Inicio al escritorio, aunque al principio sin menú clásico: simplemente servía para volver a la Pantalla de Inicio de Metro. Se incorporaron nuevos tamaños de azulejos (pequeños y extragrandes), más colores y fondos para la pantalla de Inicio y un panel de Configuración con bastantes más opciones trasladadas desde el Panel de control.
Windows 8.1 añadió además aplicaciones preinstaladas renovadas, un nuevo tutorial interactivo para usuarios novatos, mejoras en el buscador integrado que combinaba resultados locales y online, una mayor integración con OneDrive y el salto a Internet Explorer 11 en lugar de IE10.
Sobre esta base llegaron dos paquetes de actualización importantes. La Update 1 de abril de 2014 introdujo cambios clave: posibilidad de anclar aplicaciones de la Tienda a la barra de tareas, botón X para cerrar fácilmente apps de pantalla completa, transición completa de SkyDrive a OneDrive, inicio directo en el escritorio en equipos sin pantalla táctil y reducción de requisitos hardware a 1 GB de RAM y 16 GB de disco.
Más tarde, la Update 2 de noviembre de 2014 aportó menos novedades visibles pero incluyó mejoras de seguridad, soporte para hardware más reciente, estabilidad refinada y mejoras en las herramientas de administración. Esa fue la última gran actualización de Windows 8.1 antes de que el producto quedara congelado hasta el fin de soporte en 2023.
Requisitos mínimos de Windows 8/8.1 y recomendaciones de uso

En cuanto a hardware, Windows 8 apenas subió el listón respecto a Windows 7. Cualquier PC que moviera con soltura Windows 7 es capaz de ejecutar 8 u 8.1 sin grandes dramas.
Los requisitos oficiales eran:
- Procesador a 1 GHz con soporte para PAE, NX y SSE2.
- Memoria RAM: 1 GB (32 bits) o 2 GB (64 bits).
- Almacenamiento: 16 GB libres (32 bits) o 20 GB (64 bits).
- Tarjeta gráfica compatible con DirectX 9 y controlador WDDM 1.0.
- Pantalla con resolución mínima de 1024×768.
Además, algunas funciones requerían extras específicos: para aprovechar Metro/Modern UI lo ideal era disponer de pantalla táctil, la Tienda de aplicaciones pedía esa resolución mínima y conexión a Internet, el arranque seguro exigía firmware UEFI 2.3.1, Hyper-V solo funcionaba en 64 bits y BitLocker requería chip TPM 1.2.
Para un uso actual, tiene sentido instalar Windows 8.1 únicamente en equipos modestos donde Windows 10 vaya demasiado justo, o en máquinas virtuales para pruebas y formación. Aun así, conviene añadir RAM siempre que sea posible y optar por un SSD, ya que el salto de rendimiento frente a un disco mecánico es enorme, incluso en sistemas antiguos.
Descargar Windows 8 y Windows 8.1: opciones reales hoy en día

En el caso de Windows 8 “a secas” ya no hay descarga oficial. Microsoft retiró hace tiempo sus ISOs de los servidores, así que, si necesitas la versión original por algún motivo muy concreto, tendrás que recurrir a repositorios de confianza como Internet Archive, donde se conservan imágenes de instalación originales rescatadas de antiguos soportes.
Con Windows 8.1 la situación ha sido algo más benévola: durante bastante tiempo se ha podido descargar gratuitamente desde la web oficial de Microsoft a través de la herramienta de creación de medios o de un formulario de selección de edición e idioma. El procedimiento consistía en:
- Entrar en la página de descarga de Windows 8.1.
- Elegir edición (Windows 8.1 estándar o Pro).
- Seleccionar idioma de la imagen.
- Elegir entre ISO de 32 o 64 bits (hoy día, lo lógico es 64 bits).
El archivo ISO rondaba los 4,1 GB para la edición de 64 bits. A esto había que sumar, si se quería, la descarga manual de paquetes adicionales como la Update 1 y Update 2 en caso de que ya no se sirvieran mediante Windows Update. Es relativamente frecuente que, con el paso de los años, las descargas directas de estas actualizaciones también desaparezcan, obligando de nuevo a rescatar archivos desde sitios históricos como Internet Archive.
Sea cual sea el origen, conviene verificar el hash de la ISO (SHA1, por ejemplo) frente a listados oficiales para estar seguro de que no se ha modificado ni manipulado. Con sistemas sin soporte, la seguridad empieza por asegurarse de que el medio de instalación es legítimo.
Crear un USB de instalación de Windows 8.1
Una vez descargada la ISO, lo más práctico es preparar un pendrive de instalación arrancable. Puedes grabar un DVD, pero en 2026 lo habitual es tirar de USB, que es más rápido y cómodo.
La utilidad más popular para esto es Rufus. El flujo de trabajo típico es:
- Descargar la última versión de Rufus desde su página oficial.
- Conectar un pendrive de al menos 8 GB (se borrará por completo).
- Abrir Rufus, seleccionar el dispositivo USB en el campo adecuado.
- Elegir la imagen ISO de Windows 8.1 con el botón correspondiente.
- Configurar el esquema de partición (MBR o GPT) y sistema de destino (BIOS/UEFI) según el equipo donde se vaya a instalar.
- Pulsar en Iniciar y esperar a que termine.
Rufus se encarga de formatear el USB, copiar los archivos y hacerlo arrancable. Cuando finalice, tendrás un medio de instalación listo para usar tanto en equipos físicos como en algunas máquinas virtuales que permitan arrancar desde USB.
Instalación de Windows 8.1 paso a paso
Con el USB ya preparado, hay que configurar en la BIOS/UEFI del equipo el arranque desde ese pendrive. Suele hacerse pulsando teclas como F2, F10, F12 o Supr al encender el PC y cambiando el orden de arranque o el menú de “Boot”.
Una vez arrancado el asistente de instalación de Windows 8.1, el proceso general es el siguiente:
- Seleccionar idioma, formato de hora/moneda y distribución de teclado.
- Pulsar en el botón para iniciar la instalación.
- Introducir una clave de producto válida. A diferencia de Windows 10/11, aquí no se puede saltar este paso fácilmente; no obstante, Microsoft publicó claves genéricas que permiten instalar el sistema en modo de prueba.
- Aceptar los términos de licencia.
- Elegir entre actualización de una versión anterior o instalación personalizada. Para un equipo limpio, lo recomendable es instalación desde cero.
En la pantalla de particionado, puedes seleccionar el disco y partición destino. En equipos donde no hay datos que conservar, suele ser más seguro eliminar todas las particiones y dejar el espacio sin asignar para que Windows cree la estructura necesaria (partición del sistema, reservadas, etc.).
Tras esto comienza la copia de archivos, instalación de características y configuración inicial. Dependiendo del hardware, el proceso puede tardar desde unos minutos a media hora o más. El equipo se reiniciará varias veces durante la instalación; es normal, solo hay que dejarlo trabajar.
Primera configuración y creación de la cuenta
Una vez instalado el sistema, Windows 8.1 muestra una serie de pantallas de personalización. Lo primero es elegir el color principal y nombre del equipo, algo meramente estético pero que ayuda a identificar el PC en la red.
A continuación se ofrece la elección entre usar la configuración rápida recomendada o revisar las opciones en detalle. Si lo quieres dejar todo fino, merece la pena ir punto por punto, sobre todo en lo relacionado con privacidad, envío de datos a Microsoft y uso de servicios en la nube.
Si el equipo está conectado a una red, el asistente preguntará si quieres permitir la detección de otros equipos en la misma LAN y el uso compartido de recursos. En un entorno doméstico de confianza suele marcarse que sí; en redes públicas, mejor no.
Llega luego la parte de la cuenta. Puedes optar por una Cuenta Microsoft (en la nube) o una cuenta local de toda la vida. La primera permite sincronizar ajustes, acceder más fácilmente a la Tienda y usar servicios como OneDrive de forma integrada, pero también implica más dependencia de la nube. La cuenta local es más sencilla, más privada y suficiente en muchos escenarios, especialmente en equipos antiguos sin uso intensivo online.
En este paso también se definen las opciones de inicio de sesión, donde Windows 8 introduce métodos como el desbloqueo por imagen con gestos, además de la típica contraseña. Más adelante puedes configurar incluso reconocimiento facial mediante software de terceros.
Tareas esenciales tras la instalación: dejar Windows 8.1 listo para usar
Nada más llegar al escritorio, antes de instalar programas a lo loco, conviene realizar algunas tareas básicas para asegurar estabilidad y usabilidad. Piensa que partimos de un sistema base muy desactualizado.
Lo primero es ejecutar Windows Update desde la Configuración o el Panel de control y dejar que descargue todas las actualizaciones disponibles hasta la fecha de fin de soporte. Aunque ya no haya parches nuevos, sí se instalarán los que se lanzaron en su día: correcciones de seguridad, mejoras de fiabilidad y las famosas Update 1 y Update 2 de Windows 8.1 si aún estuvieran disponibles.
A nivel de seguridad, aunque Windows 8 integra la primera versión de Windows Defender como antivirus básico, su nivel de protección es limitado comparado con soluciones actuales. Es muy recomendable instalar un antivirus alternativo que siga ofreciendo soporte para Windows 8.1, ya sea gratuito (por ejemplo, Avast en sus últimas versiones compatibles) o de pago (como Bitdefender o McAfee mientras mantengan soporte).
Conviene tener en cuenta que conforme pase el tiempo más antivirus dejarán de funcionar en Windows 8.1, así que habrá que conservar el instalador de la versión compatible o plantearse no usar este sistema de forma conectada a Internet.
Otra mejora clave para la comodidad del día a día es recuperar un menú Inicio clásico. Aunque Windows 8.1 resucita el botón, el menú como tal sigue ausente. Utilidades como Open-Shell (antiguo Classic Shell) permiten tener un menú de inicio al estilo Windows 7, muy ligero, gratis y totalmente configurable, pudiendo incluso saltarse Metro y arrancar directamente en el escritorio.
Configuración práctica: inicio automático, apagado rápido y accesos útiles
Si usas el equipo en un entorno privado, escribir la contraseña en cada arranque puede ser un engorro. Existe un truco clásico en Windows 8/8.1 para activar el inicio de sesión automático con tu cuenta (ojo, no recomendable en equipos compartidos):
- Pulsa Windows + R para abrir Ejecutar.
- Escribe netplwiz y pulsa Intro.
- En la ventana de Cuentas de usuario, desmarca “Los usuarios deben escribir su nombre y contraseña para usar el equipo”.
- Introduce la contraseña cuando lo pida, acepta y reinicia para probar.
También puedes afinar el comportamiento de arranque. En Windows 8.1, desde el menú de propiedades de la barra de tareas, pestaña Navegación, existe una casilla muy jugosa: “Al iniciar sesión o cerrar todas las aplicaciones de una pantalla, ir al escritorio en lugar de al Inicio”. Activándola, el sistema entra directamente al escritorio clásico y te olvidas de Metro al iniciar.
En Windows 8 original el apaño es más rebuscado, modificando el registro para cambiar el valor de Shell en la clave HKEY_LOCAL_MACHINE\SOFTWARE\Microsoft\Windows NT\CurrentVersion\Winlogon, añadiendo parámetros para forzar la carga del explorador de escritorio. Es una solución más delicada y solo recomendable si sabes bien lo que tocas.
El apagado también se puede simplificar. Por defecto, apagar el PC desde la interfaz Metro exige demasiados clics. Una solución rápida es crear accesos directos en el escritorio (y anclarlos luego a Inicio) con comandos como:
- shutdown.exe -s -t 0 para apagar al momento.
- shutdown.exe -r -t 0 para reiniciar.
- shutdown.exe -h -f para hibernar forzando el cierre de aplicaciones.
Cada uno se puede asociar a un icono reconocible y anclar a la pantalla de Inicio para tener botones de apagado y reinicio visibles en Metro sin tener que escarbar en menús.
Capturas de pantalla, búsqueda interna y atajos de teclado útiles
Windows 8 introdujo una mejora muy práctica en las capturas de pantalla: si pulsas Windows + Impr Pant, el sistema guarda automáticamente una captura completa de la pantalla en la carpeta Imágenes > Capturas de pantalla en formato PNG, sin tener que pegar nada en Paint ni en otro programa.
Si solo quieres la ventana activa, puedes seguir usando Alt + Impr Pant, que copia esa ventana al portapapeles, lista para pegar en tu editor favorito. Para recortes más específicos, sigue estando disponible la aplicación Recortes, muy útil para capturar zonas concretas.
En lo referente a la búsqueda, aunque aparentemente desaparece el cuadro de búsqueda del menú Inicio de Windows 7, en realidad la búsqueda de Windows 8 es incluso más rápida. Basta con ir a la Pantalla de Inicio de Modern UI y ponerse a escribir el nombre del programa, archivo o ajuste; sin hacer nada más, aparecerán los resultados en tiempo real.
Por defecto se listan primero aplicaciones y opciones de configuración, pero en la barra lateral puedes cambiar a búsqueda de archivos. Para usuarios avanzados o quienes prefieren algo todavía más ágil, existen herramientas de terceros como Launchy, que abre un cuadro de búsqueda flotante con Alt + Espacio y permite lanzar programas, hacer cálculos y mucho más al vuelo.
Respecto a los atajos de teclado, Windows 8 añadió nuevos accesos muy potentes. Algunos de los más interesantes son:
- Windows: alterna entre escritorio y pantalla de Inicio.
- Windows + Q: búsqueda de aplicaciones.
- Windows + X: menú rápido con acceso a Panel de control, Administrador de dispositivos, Símbolo del sistema, etc.
- Windows + D: muestra el escritorio (o lo restaura si ya estaba visible).
- Windows + I: abre directamente el panel de configuración contextual.
- Windows + P: configuración rápida de opciones de pantalla (duplicar, extender, solo proyector…).
- Alt + Tab: cambio clásico entre todas las aplicaciones abiertas.
- Windows + Tab: conmutador específico de apps Modern UI.
- Windows + Enter: activa el Narrador, función de accesibilidad que lee en voz alta la pantalla.
Aprender unos cuantos de estos accesos puede acelerar mucho la forma de moverte por Windows 8/8.1, sobre todo si trabajas con teclado y ratón y quieres reducir clics.
Modern UI, botón de Inicio y trucos de escritorio
Uno de los choques más fuertes para quienes venían de Windows 7 fue la desaparición del botón de Inicio clásico. En Windows 8, para abrir el Inicio hay que llevar el ratón a la esquina inferior izquierda, donde aparece una miniatura de la pantalla de Inicio; al hacer clic se entra en Modern UI. La tecla Windows del teclado también te lleva allí al instante.
Desde esa pantalla tienes azulejos dinámicos de apps modernas y accesos a programas de escritorio, que puedes arrastrar y reorganizar a tu gusto. Aunque conceptualmente sustituye al menú Inicio, a muchos usuarios les resultó más incómodo, de ahí el éxito de herramientas como Start8 o Classic Shell/Open-Shell para recuperar un menú desplegable familiar.
En la esquina derecha de la pantalla (esquina superior o inferior) está la antigua barra de “Charms”, desde donde se accede a Configuración, Dispositivos, Inicio, Compartir y Buscar. Y en la esquina superior izquierda se ve un conmutador rápido entre aplicaciones Modern UI abiertas, útil cuando tienes varias apps a pantalla completa.
Si no quieres saber nada de Modern UI, programas como Classic Shell u Open-Shell permiten que el equipo arranque directamente al escritorio tradicional, esconder por completo la pantalla de Inicio moderna y utilizar un menú Inicio muy parecido al de Windows 7 o incluso al de XP, con árboles de carpetas y buscador integrado.
Gestión de varios monitores y fondos panorámicos
Windows 8 mejoró bastante la experiencia con configuraciones multimonitor. Además de poder elegir si la barra de tareas se muestra en todas las pantallas o solo en la principal, es posible controlar en qué barras aparece cada ventana.
Desde las propiedades de la barra de tareas puedes decidir si se muestran todas las aplicaciones en todas las barras, solo en la principal y además en la pantalla donde están abiertas, o únicamente en la barra de la pantalla que las contiene. Esta última opción suele ser la más cómoda para ordenar el trabajo en varias pantallas sin saturar la barra principal.
Modern UI se abre de inicio en un monitor, dejando los demás para el escritorio clásico, pero puedes activar el Inicio en cualquiera de las pantallas con los mismos gestos y accesos. Eso permite, por ejemplo, tener una app Metro a tamaño completo en un monitor mientras trabajas con programas tradicionales en el resto.
A nivel estético, Windows 8 introdujo los temas panorámicos que permiten usar un solo fondo de escritorio extendido a lo largo de varios monitores, en lugar de duplicar la misma imagen. Estos temas se pueden descargar desde la web de Microsoft, seleccionando específicamente los que están marcados como panorámicos.
Con estas opciones se consigue una experiencia multimonitor mucho más pulida y coherente que en Windows 7, tanto para productividad como para ocio.
Seguridad, usuarios y herramientas de sistema en Windows 8/8.1
Aunque Windows 8/8.1 ya está fuera de soporte, el sistema incluye una buena colección de herramientas de administración y mantenimiento que siguen siendo útiles en un contexto controlado.
En el apartado de cuentas, se pueden crear usuarios locales, usuarios vinculados a Microsoft, cuentas estándar, de administrador e invitado. Para equipos compartidos, es recomendable que el uso diario se haga con cuentas estándar, dejando la administración para una cuenta con privilegios elevados y contraseñas robustas.
El control parental permite limitar horas de uso, bloquear determinadas aplicaciones y restringir acceso a contenidos, algo interesante si se va a reutilizar un PC viejo con Windows 8.1 para niños, siempre extremando las medidas de seguridad en Internet.
En cuanto a mantenimiento, herramientas como Desfragmentar y optimizar unidades, Comprobación de errores, Liberador de espacio en disco, el Programador de tareas, el Administrador de tareas mejorado, el Monitor de recursos o el Diagnóstico de memoria de Windows ayudan a vigilar el estado del sistema y resolver problemas básicos.
A nivel de seguridad, además de Windows Defender, contamos con Firewall de Windows, el Visor de eventos para registrar fallos y avisos, y un conjunto de permisos NTFS estándar y avanzados que permiten controlar quién accede a qué carpetas y archivos, junto con el concepto de propietario de cada objeto.
Para almacenamiento, la herramienta de Administración de discos sigue siendo clave: permite inicializar discos en MBR o GPT, crear y borrar particiones, ampliar o reducir volúmenes, convertir discos básicos en dinámicos y gestionar volúmenes de datos. Todo ello con sistemas de archivos como NTFS, todavía el estándar en Windows para discos internos.
Redes, compartición y uso avanzado
En el terreno de redes, Windows 8.1 ofrece prácticamente lo mismo que Windows 7, con algunas mejoras. Es posible activar la detección de redes, compartir archivos e impresoras, configurar direcciones IP estáticas o dinámicas (DHCP), trabajar con IPv4 e IPv6, y utilizar grupos de trabajo clásicos o el sistema de Grupo Hogar para entornos domésticos sencillos.
Compartir carpetas implica configurar permisos de compartición y permisos NTFS, de forma que se controle tanto el acceso remoto como el local. También hay “recursos compartidos especiales” predefinidos (como C$ o ADMIN$) destinados a administración remota, que conviene no tocar si no se sabe bien qué se hace.
En entornos algo más avanzados se puede montar redes conmutadas con switches, unir varios equipos con Windows 8.1, asignar direcciones IP manuales y trabajar con impresoras de red compartidas. El asistente de agregación de impresoras permite añadir impresoras locales (USB, LPT) o de red, configurar sus propiedades (puertos, seguridad, administración del color, etc.) y gestionar colas de impresión de forma centralizada.
Todo esto se apoya en conceptos básicos de TCP/IP: nomenclatura de equipos, resolución de nombres (DNS, WINS, etc.), direccionamiento IPv4/IPv6 y modos de configuración automática. Aunque pueda sonar complejo, la mayoría de usuarios domésticos solo necesitarán asegurarse de que la red está marcada como privada y la compartición activada.
En conjunto, aunque Windows 8 y 8.1 hayan pasado ya a la historia comercial de Microsoft, siguen siendo sistemas muy completos a nivel funcional. Si decides mantenerlos vivos en equipos antiguos o máquinas virtuales, hacerlo con una instalación limpia, bien actualizada hasta su fecha límite, con antivirus adecuado, cuenta de usuario bien configurada y algunos trucos de interfaz puede marcar la diferencia entre una experiencia frustrante y un sistema razonablemente cómodo, siempre sabiendo que hablamos de una plataforma vulnerable y con fecha de caducidad práctica.