Razones por las que Internet va lento y cómo solucionarlo en Windows

  • Identificar si la lentitud viene del PC, del Wi‑Fi, del router o del propio proveedor es clave antes de tocar nada.
  • En Windows, drivers desactualizados, malware, navegador saturado y mala configuración de red son causas comunes de baja velocidad.
  • La calidad del hardware (tarjeta de red, cables, router, repetidores) y la cobertura Wi‑Fi condicionan fuertemente el rendimiento.
  • Si la línea del ISP está saturada o la tarifa se ha quedado corta para el uso actual, ajustar el plan o abrir incidencia es imprescindible.

internet lento en windows

Pocas cosas desesperan tanto como un Internet que va a pedales en Windows, justo cuando tienes que entregar un trabajo, entrar a una reunión online o echar una partida online con los amigos. Lo notas al instante: las webs cargan eternas, los vídeos se quedan pensando, las descargas no avanzan y parece que todo el ordenador vaya arrastrándose detrás de la conexión.

Lo bueno es que, en la mayoría de casos, esa lentitud tiene solución si sabes dónde mirar. A veces el problema está en Windows, otras en el router, en el Wi‑Fi, en el proveedor de Internet… o en una mezcla de todo. En este artículo vamos a repasar, con calma pero sin rodeos, las causas más habituales por las que Internet va lento en Windows y qué puedes hacer para solucionarlo paso a paso.

Antes de nada: ¿es tu PC, tu red o tu proveedor?

El primer diagnóstico siempre es saber si el problema es solo de tu equipo o de toda la red. Si ves que tu PC con Windows navega fatal, pero el móvil o la tablet conectados al mismo Wi‑Fi van finos, todo apunta a que el fallo está en el propio ordenador. Si en cambio todos los dispositivos de casa van lentos, seguramente el problema esté en el router, en el cableado o en el operador.

Haz una prueba rápida de velocidad en varios dispositivos, preferiblemente cerca del router y, si puedes, con uno de ellos conectado por cable Ethernet. Así verás si la línea da la velocidad que tienes contratada y si la diferencia de rendimiento se limita al equipo con Windows. Si en todos los aparatos la velocidad es baja, conviene mirar router, cables y llamar al ISP.

Otro filtro útil es comprobar si el fallo ocurre en todo o solo en algunas webs o programas. Que una página concreta vaya lenta no significa que tu conexión sea mala: puede ser que ese sitio esté saturado, tenga un hosting muy lejos o esté mal optimizado. Si el problema es general (navegador, descargas, juegos, videollamadas…), entonces sí tiene pinta de ser cosa de tu red o de tu PC. Si se trata de plataformas de vídeo y streaming, por ejemplo, consulta cómo tratar cuando YouTube funciona lento.

Ten en cuenta también la hora del día. En franjas punta (tarde-noche, cuando todo el mundo en casa y en el vecindario se conecta) es más probable notar congestión, tanto en tu Wi‑Fi como en la propia red del proveedor. Si de madrugada te va mucho más rápido, la saturación tiene bastante que ver.

Tipos de conexión y factores externos que afectan a la velocidad

tipos de conexion a internet

La tecnología de acceso que usas marca el límite máximo de velocidad que puedes esperar. No es lo mismo tener fibra óptica que ADSL o un viejo acceso por par de cobre, y mucho menos que un acceso por módem o un Wi‑Fi portátil con datos limitados. Si tu conexión es antigua, por muy fino que ajustes Windows, hay un techo físico que no vas a superar.

Las conexiones de fibra (FTTH o similares) son las que ofrecen mayor ancho de banda y estabilidad, tanto en bajada como en subida, y son menos sensibles a interferencias que el par de cobre. La ADSL y las conexiones por cable coaxial pueden funcionar bien, pero tienden más a sufrir caídas de velocidad, especialmente si la central está lejos o la red del operador está saturada.

También hay que contar con factores que no controlas, como la saturación de Internet a gran escala. En situaciones de picos masivos de tráfico o grandes ataques (por ejemplo, ciertos ataques DDoS a infraestructuras), parte de la red puede ir más lenta aunque tu proveedor esté bien. Son casos menos frecuentes, pero existen, y tú poco puedes hacer más allá de esperar y mantener tus equipos protegidos.

Otro elemento externo es el estado de los servidores a los que te conectas. Si un servicio en la nube, una web muy popular o una plataforma de streaming están recibiendo más visitas de las que pueden gestionar, irán lentos aunque tu línea sea rápida. Es fácil confundirlo con un problema local, así que conviene probar varias webs y servicios antes de volverte loco tocando la configuración de Windows.

En entornos corporativos entra en juego, además, la propia red de la empresa. Los administradores suelen aplicar políticas de uso, proxys, limitaciones de ancho de banda y ventanas horarias para copias de seguridad o actualizaciones masivas. Todo eso puede hacer que tu conexión vaya especialmente lenta en horas punta aunque en casa vuele.

Problemas de Internet lento en Windows a nivel de software

configuracion de red en windows

Si has comprobado que el problema solo se da en tu PC con Windows, es muy probable que sea algo de software. Configuraciones de red, drivers y ajustes mal aplicados, drivers viejos, malware, conflictos con el antivirus, el navegador hasta arriba de extensiones… Windows te da mucho control sobre la red, pero también muchas formas de liarla si algo se corrompe o se queda desactualizado.

Uno de los casos típicos es que, tras una actualización de Windows, la conexión empiece a ir fatal. A veces un update cambia parámetros avanzados de TCP/IP o del autotuning de la ventana de recepción, y de repente ves que todo carga más lento sin motivo aparente. Un ajuste mal aplicado basta para que el rendimiento se desplome.

Para ver el estado de esta configuración avanzada puedes usar la consola de comandos (CMD) como administrador. Con el comando netsh interface tcp show global revisas, entre otras cosas, el nivel de ajuste automático de la ventana de recepción. Si aparece como normal y estás teniendo problemas, probar a deshabilitarlo, o al revés, puede marcar la diferencia. Si necesitas más contexto sobre problemas de rendimiento en Windows, revisa cómo diagnosticar Windows lento.

Los comandos clave aquí son: netsh int tcp set global autotuninglevel=normal para habilitarlo y netsh int tcp set global autotuninglevel=disabled para desactivarlo. La idea es cambiar el valor, probar cómo va la red y dejar el que mejor resultado dé en tu caso concreto. No es magia, pero cuando hay conflictos tras una actualización, a menudo lo arregla.

Más allá de este ajuste concreto, Windows dispone de solucionadores de problemas integrados para red que puedes lanzar desde Configuración. En Windows 10 están en «Actualización y seguridad > Solucionar problemas» y en Windows 11 en «Sistema > Solucionar problemas». No hacen milagros, pero detectan y corrigen errores sencillos de forma automática o al menos te dan pistas de qué está fallando.

Malware, antivirus, firewall y otros programas que frenan la conexión

Los virus, troyanos y demás malware son uno de los culpables más frecuentes cuando Internet va lentísimo solo en un equipo. Muchos tipos de software malicioso se conectan continuamente a servidores externos, envían spam, hacen de nodo en redes de bots o espían lo que haces. Todo eso usa ancho de banda y recursos del sistema, dejando muy poco para tu navegación normal. Mantener buenas prácticas es clave para la higiene digital y evitar estas situaciones.

Además del malware clásico, el spyware (programas espía) puede lastrar la conexión de forma brutal. Este tipo de software se engancha al navegador, registra todo lo que tecleas, monitoriza tus webs y se comunica por detrás con sus servidores. Si tienes varios espías a la vez, el rendimiento del navegador y de la red se desploma, e incluso puedes perder conectividad de forma intermitente.

Para descartar este frente, conviene pasar un análisis completo con un buen antivirus y antispyware. Puedes usar Microsoft Defender, que viene integrado en Windows, o soluciones de terceros como Avast o Bitdefender, siempre descargadas desde sus webs oficiales. Lo importante es analizar todo el sistema, no solo un escaneo rápido, y eliminar cualquier amenaza detectada.

El reverso irónico es que el propio antivirus o firewall también pueden ser parte del problema. Un cortafuegos mal configurado, dos antivirus instalados a la vez o una VPN de dudosa calidad pueden limitar o inspeccionar en exceso todas las conexiones, provocando que las descargas y la navegación vayan a trompicones.

Para comprobar si el cuello de botella está ahí, basta con desactivar temporalmente el antivirus, firewall o VPN (siempre con cuidado) y probar de nuevo la conexión. Si notas una mejora clara, tendrás que revisar su configuración, cambiar de producto o evitar tener varias herramientas de seguridad compitiendo por el control de la red.

El navegador y los complementos: un clásico del Internet lento

Aunque la línea funcione bien, es muy habitual que el navegador sea el culpable directo de la sensación de lentitud. Extensiones a montones, barras de herramientas viejas, plugins que ya no se usan, perfiles corruptos… al final todo suma y las pestañas tardan una eternidad en cargar, mientras en otro navegador igual la misma web vuela.

El primer test sencillo es abrir otra aplicación de navegador y probar las mismas páginas. Si en Edge va fluido y en Chrome va como un drama (o al revés), sabes que el problema no está en la conexión, sino en el navegador principal. A partir de ahí, toca actualizarlo, revisar extensiones y limpiar caché.

Mantener el navegador a la última versión es clave tanto para velocidad como para seguridad. En Chrome, por ejemplo, puedes verlo en Menú > Ayuda > Información de Google Chrome; en la mayoría de navegadores hay un apartado similar. Si hay una actualización, se descargará e instalará prácticamente sola.

Respecto a las extensiones, menos es más. Tener unas pocas bien escogidas está bien, pero llevar el navegador lleno de complementos que no usas solo sirve para consumir memoria y procesador. Desactiva o elimina las que no necesitas y notarás cómo mejora la respuesta general del programa.

También ayuda vaciar la caché y los datos temporales del navegador de vez en cuando. Aunque se usan para acelerar la carga de webs, si se acumulan demasiados datos corruptos o antiguos, pueden producir el efecto contrario y generar errores o retardos al navegar.

Wi‑Fi: bandas, canal, cobertura y ubicación del router

Si usas Wi‑Fi, la velocidad real que percibes depende muchísimo de cómo tengas montada la red inalámbrica. No es lo mismo estar al lado del router que al otro extremo de la casa, ni es igual conectarte a la banda de 2,4 GHz que a la de 5 GHz, ni compartir canal con diez vecinos que tener uno relativamente libre.

La banda de 2,4 GHz destaca por su alcance, pero ofrece menos velocidad y es más propensa a las interferencias. Es la más adecuada si estás lejos del router o hay varias paredes de por medio, pero si buscas exprimir al máximo la fibra, se te quedará corta. La banda de 5 GHz, en cambio, permite velocidades muy superiores, a costa de que la señal se atenúa más con la distancia y los obstáculos.

Si tu PC y tu router lo permiten, conviene priorizar la conexión a 5 GHz siempre que estés relativamente cerca. Puedes hacerlo desde la propia configuración del router (a veces tienen opción de «conexión inteligente» o band steering que decide por ti) o, en Windows, forzando en las propiedades avanzadas del adaptador Wi‑Fi la banda preferida en 5G.

El canal Wi‑Fi también influye bastante, especialmente en edificios con muchas redes alrededor. Si tu router y el de varios vecinos emiten en el mismo canal de 2,4 GHz, os estáis pisando la señal unos a otros y el rendimiento baja. Usar una app o herramienta de análisis de redes para localizar canales menos saturados y cambiar a uno de ellos suele dar un buen empujón.

La ubicación física del router es otro punto donde se cometen auténticas barbaridades: escondido dentro de un mueble, tirado en el suelo detrás de la tele, pegado al microondas o en una esquina de la casa. Lo ideal es colocarlo en una zona más o menos central, en alto (sobre una mesa o estantería), alejado de grandes masas metálicas y de otros aparatos que emitan en 2,4 GHz.

Hardware: tarjeta de red, cables, router y repetidores

Cuando ya has descartado líos de Windows, navegador y Wi‑Fi, toca mirar con lupa el hardware. La propia tarjeta de red (interna o USB), el cable Ethernet, los puertos del router o la calidad de un repetidor Wi‑Fi pueden limitar muchísimo la velocidad que te llega a Windows.

La tarjeta de red es la pieza clave que une tu PC con la red, ya sea por cable o por Wi‑Fi. Si es muy antigua, puede que ni siquiera soporte velocidades Gigabit o estándares Wi‑Fi modernos. O puede estar fallando a nivel físico, algo bastante habitual en adaptadores USB baratos, que sufren más tirones, golpes y calentones. Un análisis de hardware te ayudará a identificar fallos: diagnóstico y rendimiento.

Un buen truco es probar con otra tarjeta de red distinta. Si usas una Wi‑Fi USB, cambia a otra o prueba a conectarte por cable Ethernet; si tu PC tiene tarjeta de red integrada y sospechas de ella, conectar un adaptador USB de calidad puede sacarte de dudas. Si con el nuevo adaptador la velocidad mejora de golpe, ya sabes dónde estaba el cuello de botella.

Conexiones por cable: asegúrate de que el cable de red esté a la altura. Para alcanzar hasta 1 Gbps necesitas, como mínimo, un cable Ethernet de categoría 5e; si usas un cable muy viejo (Cat 5 a secas o peor) o dañado, lo normal es que te quedes clavado en 100 Mbps como máximo. Revisar el tipo de cable y cambiarlo por uno nuevo y corto suele ser mano de santo. Si dudas sobre componentes, consulta consejos de compra de hardware.

El router tampoco es eterno ni infalible. Un modelo muy antiguo puede no soportar bien conexiones de alta velocidad, carecer de puertos Gigabit o de doble banda Wi‑Fi, o directamente estar medio averiado: puertos LAN que hacen mal contacto, antenas internas tocadas, sobrecalentamientos constantes… Todo eso se traduce en cortes, bajadas de velocidad y comportamientos raros.

En estos casos compensa probar diferentes puertos del router, revisar bien las antenas y, si tiene muchos años, pedir un cambio al operador. La mayoría de compañías sustituyen gratuitamente routers muy obsoletos o defectuosos, y el salto a un modelo moderno suele notarse muchísimo en estabilidad y rendimiento.

Los repetidores y extensores Wi‑Fi son otro foco frecuente de quebraderos de cabeza. Muchos modelos baratos reducen la velocidad a la mitad o peor, sobre todo si se colocan mal y reciben una señal débil desde el router. Si al conectarte directo al router por Wi‑Fi o cable consigues, por ejemplo, 300 Mbps y a través del repetidor solo te llegan 40-50 Mbps, está claro dónde está el problema.

Wi‑Fi lento en el PC pero no en otros dispositivos

Un escenario muy habitual es que el Wi‑Fi vaya perfecto en el móvil, la smart TV o la consola, pero en tu PC con Windows sea un sufrimiento. En ese caso, casi siempre hablamos de una mezcla de drivers, configuración del adaptador y carga de procesos en segundo plano.

Lo primero que conviene revisar son los controladores de la tarjeta de red. Drivers obsoletos o mal instalados pueden provocar desconexiones aleatorias, velocidad irregular e incluso que Windows no aproveche bien las capacidades del hardware. Desde el Administrador de dispositivos (botón derecho en Inicio > Administrador de dispositivos > Adaptadores de red) puedes buscar tu adaptador y actualizar el controlador.

Si la actualización no soluciona nada, desinstalar el adaptador y reiniciar el equipo puede forzar una instalación limpia. Antes de hacerlo, eso sí, descarga desde la web del fabricante la última versión del driver y guárdala en un USB por si Windows no la encuentra solo. Tras reiniciar, el sistema intentará instalar el controlador de nuevo y, si no lo hace, podrás usar el archivo descargado.

Otro parámetro que merece la pena revisar en Windows es el límite de uso medido de la conexión. Esta función está pensada para ahorrar datos en conexiones con tope, pero si la activas sin necesitarlo, Windows puede restringir en segundo plano descargas y actualizaciones y afectar al uso general de la red.

Desde Configuración > Red e Internet puedes comprobar, tanto en Ethernet como en Wi‑Fi, si la conexión está marcada como «de uso medido». Si tienes una fibra fija sin tope mensual, no necesitas esa limitación, así que desmarca la casilla para que Windows deje de recortar tráfico por su cuenta. Si quieres controlar mejor las actualizaciones y sincronizaciones, consulta cómo optimizar actualizaciones y sincronización.

También hay que tener en cuenta la carga de programas y procesos en segundo plano. Servicios de copia en la nube, clientes de juegos (Steam, Epic, etc.), plataformas de mensajería, actualizaciones automáticas y otros tantos pueden estar chupando ancho de banda sin que lo notes a simple vista.

Con el Administrador de tareas (Ctrl+Shift+Esc) puedes ordenar por uso de red y detectar qué aplicaciones están comiéndose el ancho de banda. Cierra las que no necesites en ese momento, revisa su configuración para que no arranquen con Windows si no hace falta y planifica las descargas pesadas o sincronizaciones fuera de tus horas de trabajo o juego.

Herramientas de reparación de red en Windows: ipconfig y netsh

Cuando la red de Windows parece estar «tostada» (cortes aleatorios, IPs extrañas, webs que unas veces cargan y otras no), los comandos de consola pueden salvar el día. Dos de los más útiles son ipconfig y netsh, que permiten renovar la configuración de red y restablecer componentes internos de TCP/IP y Winsock.

El comando ipconfig tiene varias opciones muy prácticas. Con ipconfig /release liberas la dirección IP que tiene el equipo, y con ipconfig /renew solicitas una nueva al servidor DHCP (normalmente, tu router). Es como pedirle a Windows que olvide su configuración actual y vuelva a negociar la conexión desde cero.

Además, con ipconfig /flushdns vacías la caché DNS de Windows, lo que elimina registros antiguos o corruptos que pueden provocar que algunas webs no resuelvan correctamente. Tras ejecutar estos tres comandos en una consola CMD con permisos de administrador, muchas incidencias leves de red desaparecen sin necesidad de tocar nada más.

El comando netsh da un paso más y permite reparar elementos internos más profundos. El parámetro estrella para problemas de conectividad erráticos es netsh winsock reset, que restablece el catálogo Winsock, encargado de cómo las aplicaciones se comunican con la red.

Cuando el catálogo Winsock se corrompe por malware, instalaciones defectuosas o conflictos entre programas, aparecen mensajes como «sin acceso a Internet» o webs que no cargan sin motivo aparente. Al ejecutar netsh winsock reset se restauran los valores predeterminados y muchas veces el equipo vuelve a conectarse sin problemas.

Si el problema es más tozudo, puedes ir un paso más allá con netsh int ip reset. Este comando reinicia toda la pila TCP/IP de Windows, dejando la configuración de red prácticamente de fábrica. Después de usarlo, es normal que algunas aplicaciones que se integran muy a fondo en la red (VPN, antivirus con firewall, etc.) necesiten reconfigurarse o reinstalarse.

Programas especialmente sensibles a estos reseteos son las suites de seguridad, los clientes VPN, firewalls de terceros y ciertas herramientas de administración remota. Si algo deja de funcionar justo tras usar netsh, revisa sus ajustes o vuelve a instalarlo para que adapte de nuevo sus filtros a la pila de red recién restaurada.

Soluciones y particularidades en redes de empresa

En un entorno empresarial, el enfoque para diagnosticar un Internet lento en Windows cambia un poco. Aquí la red suele estar más controlada, hay servidores centrales, proxys, políticas de seguridad y un departamento de sistemas que manda sobre la configuración general.

Lo primero que suele hacerse a nivel corporativo es verificar de forma objetiva la velocidad que llega a la organización. Para ello se usan testers y herramientas de medición, a menudo certificados, para comparar lo contratado con lo que realmente entrega el proveedor. Si la línea va corta, se abre incidencia con el ISP sin perder tiempo tocando los PCs.

Si la línea está bien pero todo va lento, el siguiente paso es revisar el uso del ancho de banda dentro de la propia red. Copias de seguridad pesadas, sincronizaciones masivas, servidores mal configurados o usuarios descargando archivos enormes en horario laboral pueden saturar el enlace. Con herramientas de monitorización se identifica quién o qué está consumiendo tanto para poner límites o reprogramar tareas.

En empresas también es fundamental tener todos los equipos con sus drivers de red y sistemas operativos bien actualizados. Normalmente esto se gestiona de forma centralizada desde servidores de actualización o herramientas de gestión, pero si tu PC de trabajo va especialmente lento, conviene reportarlo a IT para que revisen su estado.

Cuando la lentitud afecta a todos los dispositivos de la red, se comprueban también los componentes clave de entrada: router principal, switches, cortafuegos perimetral, enlaces redundantes, etc. Es mucho más probable que el problema esté ahí que en cien ordenadores a la vez, así que se revisa el hardware de borde antes que ir equipo por equipo.

Si tras todo esto la velocidad interna sigue sin cuadrar, a veces se ajustan parámetros de DNS o rutas, siempre siguiendo procedimientos muy marcados. En un entorno de empresa no se cambia «a pelo» el DNS de un servidor o de un router sin seguir un protocolo, así que si sospechas de este tipo de problemas, lo mejor es escalarlo a los administradores de red.

Cuando el problema es del ISP y no puedes hacer gran cosa

Puede ocurrir que hayas revisado todo: PC, Wi‑Fi, cables, router, pruebas de velocidad… y aun así Internet vaya lento por culpa del proveedor. No es lo más habitual con la fibra actual, pero siguen dándose incidencias de saturación de nodos, obras en la red o averías en centrales que dejan a muchos usuarios a medio gas.

En estas situaciones, como usuario doméstico no tienes margen técnico para arreglarlo por tu cuenta. Lo que sí puedes y debes hacer es abrir incidencia con el servicio técnico del operador, aportar capturas de pruebas de velocidad, horas concretas en las que falla y cualquier detalle que pueda ayudarles a delimitar la avería.

Cuando el fallo afecta a mucha gente a la vez, los proveedores suelen tratarlo como incidencia crítica y priorizar su resolución. Aun así, dependiendo de la gravedad, puede tardar desde unas horas hasta varios días si hay que sustituir equipos en centrales o reparar tramos de fibra dañados.

En el caso de pérdidas puntuales de velocidad (sin corte total), a veces el origen es una saturación concreta o incluso un ataque DDoS sobre la red del operador. Eso provoca que, aunque tengas sincronización correcta con el router, todo vaya mucho más lento de lo normal. Aquí de nuevo solo el ISP puede mitigar el problema, así que insistir por los canales de soporte es la única vía.

Aportar información clara cuando hablas con tu operador ayuda más de lo que parece: tipo de conexión, modelo de router, si el problema es por cable, por Wi‑Fi o en ambos, resultados de tests, horarios en los que notas la caída… Cuantos más datos tengan, antes podrán identificar dónde se atasca el tráfico.

Revisar el ancho de banda contratado y el número de dispositivos

A veces el problema no es que la conexión vaya peor que antes, sino que ahora le pides mucho más de lo que puede dar. Entre móviles, portátiles, Smart TV, consolas, asistentes de voz, enchufes inteligentes y demás, el número de cacharros conectados en casa se ha disparado, y una fibra modesta que antes iba sobrada se queda corta.

Ver varias pelis o series en 4K a la vez, mientras alguien juega online y otro descarga juegos enormes, se come el ancho de banda que da gusto. Si tu conexión es de 100 Mbps y sois varios haciendo cosas pesadas, es normal que empieces a notar tirones y pixelados. Subir a 300, 600 Mbps o 1 Gbps, según necesidades, puede ser la solución más sencilla.

Haz un test de velocidad cuando nadie esté descargando nada para comprobar qué te llega realmente al router. Luego mira desde qué punto de la casa se vuelve insuficiente la cobertura Wi‑Fi. No es lo mismo recibir un 20 % de 100 Mbps que un 20 % de 600 Mbps: en el segundo caso, aunque la señal llegue débil, seguirás teniendo margen. Si necesitas identificar quién está conectado, consulta cómo saber quién está conectado al Wi‑Fi.

Si detectas que tu tarifa se ha quedado pequeña para el uso actual, merece la pena comparar ofertas y subir el perfil de velocidad. No siempre es cuestión de trastear con Windows: a veces simplemente el uso de la familia ha crecido y toca adaptar la conexión a la realidad.

Cerrar aplicaciones y procesos en segundo plano en los PCs que más usas también ayuda a repartir mejor el pastel. Aunque tengas mucha velocidad contratada, si la mitad se va en descargas mal planificadas o sincronizaciones eternas, seguirás notando lentitud en tareas importantes como videollamadas o juegos online.

Después de revisar todos estos frentes —software de Windows, navegador, Wi‑Fi, hardware, red de empresa, proveedor y ancho de banda contratado— tendrás una foto bastante clara de por qué tu Internet va lento en Windows y qué palancas puedes tocar. Con pequeñas acciones bien dirigidas (actualizar drivers, limpiar malware, ajustar el router, reorganizar el Wi‑Fi, cambiar un cable o pedir un router nuevo al operador) es muy habitual recuperar una conexión fluida sin necesidad de meterse en inversiones complicadas ni de volverse loco probando cosas a ciegas.

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