Todas las noticias sobre Windows 10 y otras versiones de Windows

  • Windows 10 agota su soporte, con un año extra de parches de seguridad en la UE, mientras millones de equipos siguen anclados en esta versión.
  • Windows 11 combina graves problemas de estabilidad por actualizaciones defectuosas con un claro avance en rendimiento, especialmente en videojuegos AAA.
  • Los usuarios pueden mitigar riesgos retrasando actualizaciones, usando restauración del sistema y reforzando copias de seguridad en la nube con OneDrive.
  • Frente al salto a Windows 11, Linux, macOS y ChromeOS se consolidan como alternativas reales para quienes deciden abandonar Windows 10.

Noticias sobre Windows 10 y Windows 11

El ecosistema de Windows está viviendo una de sus etapas más movidas en décadas: Windows 10 se queda sin soporte completo, Windows 11 recibe actualizaciones desastrosas y, al mismo tiempo, se convierte en el sistema con mejor rendimiento en juegos. Entre mensajes de aviso, vulnerabilidades, parches problemáticos y pruebas de rendimiento con gráficas de última generación, muchos usuarios están literalmente con el alma en vilo cada vez que aparece una nueva actualización.

Esta guía reúne todas las claves actuales sobre Windows 10, Windows 11 y el resto de alternativas: desde cómo proteger tus archivos y sobrevivir a los parches que rompen el sistema, hasta qué opciones reales tienes si tu PC no es compatible con Windows 11 o simplemente estás cansado de tantos sustos. Vamos a poner orden, con un lenguaje claro y cercano, en todo el caos que rodea hoy al sistema operativo de Microsoft.

Windows 10: fin del soporte, excepciones en la UE y qué implica realmente

El punto de partida es contundente: el soporte técnico oficial de Windows 10 ha terminado. A nivel global, esto significa que el sistema ya no recibe nuevas funciones ni actualizaciones de seguridad periódicas, lo que aumenta de forma notable el riesgo frente a malware, vulnerabilidades críticas o ataques dirigidos que exploten fallos sin parchear, como muestra nuestra actualidad en seguridad online.

Sin embargo, en el caso europeo la situación es algo distinta. En la Unión Europea, Windows 10 seguirá recibiendo parches de seguridad un año más, hasta el 13 de octubre de 2026, y sin que los usuarios tengan que pagar cuotas adicionales ni contratar programas especiales. Eso sí, esta prórroga solo afecta a la versión 22H2 y únicamente cubre correcciones de seguridad, no nuevas funciones ni soporte telefónico o asistido.

Quienes tengan un equipo con Windows 10 22H2 han empezado a ver avisos dentro del propio sistema para “dar de alta” el equipo y poder seguir recibiendo esos parches extra. Es importante completar ese proceso antes de que termine el plazo, porque a partir de entonces el sistema quedará completamente congelado en cuanto a actualizaciones.

Esta situación genera un dilema evidente: millones de usuarios se resisten a actualizar a Windows 11, ya sea por falta de compatibilidad de hardware o porque, simplemente, no les convence la nueva versión. Según estimaciones recientes, alrededor del 40% de los PCs del mundo siguen en Windows 10, muchos de ellos perfectamente funcionales pero incapaces de cumplir los exigentes requisitos de Windows 11 sin pasar por caja y comprar un nuevo ordenador; si dudas, consulta nuestro checklist de hardware previo a actualizar a Windows 11.

Las consecuencias no son menores: si esos equipos dejan de recibir parches de seguridad y siguen conectados a Internet, se convierten en un objetivo fácil para ciberdelincuentes, ransomware y ataques masivos. De ahí que cada vez más usuarios se planteen alternativas como Linux, macOS, ChromeOS o incluso otros sistemas menos populares, en lugar de seguir anclados indefinidamente en una versión de Windows sin soporte.

Proteger tus archivos y datos sensibles en Windows

Más allá de qué versión de Windows uses, hay un factor que se ha vuelto clave con el paso de los años: la enorme cantidad de información sensible que almacenamos en el PC. Documentos personales, fotos familiares, datos de trabajo, contraseñas, copias de facturas… perder todo eso o que acabe en manos ajenas es un riesgo que no conviene subestimar.

Windows incluye desde hace años varias herramientas integradas que permiten reforzar la seguridad sin tener que instalar programas de terceros. Una de las más importantes en el contexto actual es la función Copias de seguridad de Windows con OneDrive, especialmente útil ahora que Windows 10 va quedándose sin red de seguridad en forma de parches regulares.

Esta función permite hacer una copia automática de tus documentos, fotos, configuración básica y aplicaciones más usadas directamente en la nube de Microsoft, utilizando OneDrive como almacenamiento seguro. De este modo, si más adelante decides dar el salto a Windows 11 o comprar un nuevo equipo, el traspaso es prácticamente transparente: al iniciar sesión en el nuevo dispositivo, gran parte de tu información se restaura sin demasiadas complicaciones.

La idea es clara: empezar desde cero, pero sin perder nada importante. Mientras sigas en Windows 10, disponer de una copia de seguridad en la nube reduce enormemente el impacto de problemas graves, ya sea por fallos de hardware, ataques de malware o desastres provocados por una actualización que sale mal.

Además de la copia en la nube, sigue siendo recomendable combinarla con copias locales en discos externos o unidades USB cifradas, así como usar las herramientas de protección integradas en Windows (como BitLocker en las ediciones compatibles) para impedir que cualquiera pueda leer tus archivos si pierde o le roban el equipo.

Windows 11: entre el desastre de las actualizaciones y el salto en rendimiento de juegos

Actualizaciones de Windows y problemas

El relevo natural de Windows 10, al menos sobre el papel, es Windows 11. Pero la realidad es bastante más compleja: la primera gran tanda de actualizaciones de 2026 para Windows 11 ha sido catalogada por muchos como una de las peores de la historia de Microsoft. Y eso, con la trayectoria de la compañía, ya es decir mucho.

El parche de seguridad KB5074109, lanzado el 13 de enero, se suponía que debía reforzar la protección del sistema como parte del clásico Patch Tuesday. En la práctica, ha provocado una cadena de problemas críticos que han dejado a muchos usuarios en la estacada. Lo más preocupante es que hablamos de un parche “obligatorio” en sistemas domésticos, diseñado precisamente para mantener el PC seguro.

Entre los fallos detectados, uno de los primeros en salir a la luz fue un error que bloqueaba las conexiones de escritorio remoto en equipos cliente, Azure Virtual Desktop y Windows 365. Para entornos profesionales, este fallo fue un auténtico desastre, obligando a Microsoft a lanzar rápidamente un parche de emergencia fuera de banda para mitigar el problema.

Lejos de terminar ahí, empezaron a conocerse otros errores graves: equipos que no se apagaban ni entraban en hibernación, bloqueos en juegos, fallos en el panel de control de NVIDIA y problemas también con gráficas AMD. A ello se sumó un bug especialmente delicado que inutilizaba el cliente de correo Outlook cuando se combinaba con datos almacenados en OneDrive o servicios como Dropbox, obligando a publicar un segundo parche urgente (error 0x8007066f en Office).

El colofón llegó con reportes de equipos que, tras instalar KB5074109 y sus parches posteriores, dejaban de arrancar por completo y mostraban una pantalla negra con el error “UNMOUNTABLE_BOOT_VOLUME”. El sistema entraba en un bucle de arranque fallido y, para muchos usuarios, ni siquiera la herramienta de recuperación “Quick Machine Recovery” estaba siendo capaz de devolver el PC a la vida de forma automática, según nuestra guía de Inaccessible_Boot_Device.

Para rizar el rizo, algunos usuarios que intentaron desinstalar la actualización problemática se toparon con el error 0x800f0905, relacionado con la pila de servicio y el almacén de componentes de Windows. Resultado: el sistema no permitía revertir el parche, dejando a los afectados atrapados entre mantener una actualización que rompe medio equipo o embarcarse en procedimientos de reparación bastante más complejos (error First_Boot).

Cómo reaccionar ante actualizaciones problemáticas en Windows 11

Ante este panorama, no son pocos los que reclaman que Microsoft ponga el freno y se centre en estabilidad antes de seguir metiendo más funciones e IA a la fuerza. Se ha llegado incluso a pedir una especie de “Service Pack” clásico que consolide todos los arreglos necesarios y devuelva a Windows 11 una base sólida, sin esa sensación de ruleta rusa en cada Patch Tuesday.

Mientras ese giro de timón llega (si llega), hay varias estrategias prácticas para minimizar riesgos y salir del paso si tu PC está metido en este lío. La primera medida, aunque suene básica, pasa por intentar desinstalar las últimas actualizaciones conflictivas, empezando por KB5074109 y cualquier parche acumulativo asociado, siempre y cuando el sistema aún pueda arrancar.

Si el problema persiste o el sistema ya se ha vuelto inestable hasta el punto de no ser funcional, la opción más eficaz suele ser usar la función de Restablecer / Restaurar / Recuperar el equipo integrada en Windows 11. Esta herramienta devuelve el sistema a su estado “de fábrica” tal y como estaba tras la primera instalación, pero con un proceso más rápido y limpio que una instalación completamente desde cero.

Desde Windows 10, Microsoft mejoró este mecanismo añadiendo la reinstalación desde la nube, que permite descargar una imagen oficial de Windows sin depender de medios físicos ni archivos locales, algo muy útil cuando se sospecha que ciertos archivos del sistema pueden estar corruptos o infectados por malware.

Para acceder a esta función, basta con ir a Configuración > Actualización y seguridad > Recuperación > Restablecer este PC, y seguir los pasos. Si prefieres ir por la vía rápida, puedes abrir una consola con permisos de administrador e introducir el comando systemreset -factoryreset. Desde ahí, el sistema te permitirá elegir entre diferentes opciones (conservar o no archivos personales, por ejemplo) antes de realizar la reinstalación.

Es importante tener claro que, en cualquiera de las modalidades, se eliminarán las aplicaciones instaladas y la configuración detallada del sistema, ya que la herramienta se apoya en el entorno de recuperación de Windows (Windows RE), borra y formatea las particiones necesarias y despliega una copia nueva del sistema operativo.

Evitar que las malas actualizaciones vuelvan a golpear tu PC

Rendimiento y juegos en Windows 11

Si ya has pasado por la pesadilla de una actualización que rompe medio sistema, es normal que quieras curarte en salud. La mejor estrategia para muchos usuarios, especialmente en entornos de producción, es retrasar o pausar las actualizaciones de Windows 11 hasta comprobar que los parches son realmente estables.

La forma más sencilla pasa por usar las opciones integradas en Configuración, donde puedes pausar las actualizaciones durante un periodo que va desde una hasta cinco semanas. Esta solución es rápida, reversible y suficiente para la mayoría de usuarios domésticos que desean esperar unos días a ver cómo evoluciona cada Patch Tuesday antes de lanzarse a instalarlo.

Para quienes necesitan un control más fino, como administradores o usuarios avanzados, existen alternativas más potentes. Por ejemplo, configurar manualmente el registro de Windows para retrasar la instalación de actualizaciones de características hasta 365 días, o usar las Directivas de grupo (Group Policy) en las ediciones Pro, Enterprise y Education.

El Editor de directivas de grupo ofrece un nivel de control mucho mayor sobre el comportamiento de Windows Update: se puede definir exactamente cómo y cuándo se descargan e instalan los parches, bloquear ciertas categorías, establecer ventanas de mantenimiento e incluso impedir temporalmente la llegada de nuevas versiones grandes del sistema.

En cualquier caso, la clave está en encontrar un equilibrio: no actualizar nunca es tan peligroso como actualizar a lo loco el mismo día que sale cada parche. Lo más prudente suele ser esperar unos días, observar si se reportan problemas graves, tener copias de seguridad al día y, a partir de ahí, aplicar solo aquello que se considere suficientemente probado.

Windows 11 frente a Windows 10 en juegos: por fin gana el nuevo

Paradójicamente, mientras las actualizaciones de Windows 11 han hecho saltar las alarmas en términos de estabilidad, las últimas versiones del sistema han logrado ponerse por delante de Windows 10 en un terreno donde hasta hace poco perdían casi siempre: el rendimiento en videojuegos. Y no hablamos de diferencias marginales: en algunos títulos AAA, la mejora es bastante notable, como muestran nuestros reviews de videojuegos para PC y Xbox.

Antes de la actualización 25H2 de Windows 11, varios análisis de rendimiento coincidían en que Windows 10 seguía siendo más rápido para jugar, especialmente en configuraciones de gama alta. Eso desincentivaba a jugadores entusiastas y creadores de contenido a dar el salto, más aún si sumamos los requisitos de hardware y la percepción de que Windows 11 aportaba pocas ventajas claras.

Con la llegada de Windows 11 25H2, Microsoft prometió una mejora específica en el ámbito del gaming. Para comprobarlo, canales de análisis de hardware como Hardware Unboxed han realizado comparativas detalladas entre Windows 10 22H2 y Windows 11 25H2, utilizando equipos de gama altísima: procesadores AMD Ryzen 7 9800X3D o 9700X y tarjetas gráficas NVIDIA RTX 5090 o AMD RX 9070 XT, con VBS y funciones de virtualización desactivadas desde la BIOS, tal y como reflejan varios análisis de hardware para PC.

En esas pruebas, se han usado resoluciones 1080p y 1440p/4K y una batería de juegos muy exigentes, entre los que destacan títulos como Cyberpunk 2077: Phantom Liberty, Spider-Man 2, Battlefield 6, Mafia: The Old Country, ARC Raiders, Marvel Rivals, Borderlands 4, The Last of Us Parte II Remastered, así como otros juegos competitivos y remasterizaciones gráficamente intensivas, y nuestra guía sobre juegos de consola en PC.

Los resultados globales indican que Windows 11 ofrece de media entre un 4% y un 5% más de rendimiento en FPS que Windows 10, con diferencias que se mueven entre el 1,2% y el 5% dependiendo de la resolución y el juego concreto. En títulos AAA específicos, la ganancia puede dispararse: por ejemplo, ARC Raiders muestra incrementos cercanos al 11-15% según la resolución, y Borderlands 4 alcanza alrededor de un 13% más de FPS en 1080p y 1440p, con una mejora aún de un 9% en 4K.

En remasterizaciones como Spider-Man 2 y Horizon Zero Dawn Remastered, se observan mejoras de entre un 7% y un 10% a 1080p y 1440p, diferencias suficientemente grandes como para notarse en monitores de alta tasa de refresco. En el caso de The Last of Us Parte II Remastered, se da una curiosidad: a 1080p Windows 10 aún saca algo de ventaja, pero a 4K la balanza se inclina a favor de Windows 11, lo que apunta a un posible factor de drivers o de optimización específica.

En cuanto a juegos competitivos como Battlefield 6, Counter-Strike 2 o Assetto Corsa Competizione, el rendimiento tiende a ser prácticamente idéntico entre ambos sistemas, lo que indica que la gran diferencia aparece sobre todo en títulos AAA muy exigentes a nivel gráfico, no tanto en juegos donde el cuello de botella suele ser la CPU o la latencia de red.

¿Qué papel juegan los drivers y las optimizaciones internas?

Uno de los detalles más interesantes que dejan estas pruebas es que la mejora de rendimiento se ve más claramente con tarjetas gráficas NVIDIA que con modelos de AMD. Con el combo Ryzen 7 9800X3D y RTX 5090, las diferencias entre Windows 10 y Windows 11 son notables, mientras que con el Ryzen 7 9700X y la RX 9070 XT las variaciones casi desaparecen en muchos casos.

Esto sugiere que parte de la ventaja de Windows 11 en juegos podría venir de drivers de NVIDIA más optimizados para la nueva versión del sistema, o de una integración más estrecha con determinadas funciones del kernel y el programador de tareas en 25H2. En otras palabras, no es solo Windows 11 por sí mismo, sino también cómo los fabricantes de hardware están enfocando sus esfuerzos de optimización, algo que confirman varios análisis de equipos de sobremesa.

Microsoft, por su parte, lleva meses hablando de iniciativas como Performance Fundamentals, un conjunto de ajustes internos destinados a mejorar la gestión de recursos del sistema, priorizar correctamente los procesos de juegos, reducir el impacto de tareas en segundo plano y optimizar la compilación de shaders para minimizar tirones y microparones en títulos pesados.

La suma de estas mejoras explica que, en el cómputo global de los 14 juegos probados por algunos de estos análisis, Windows 11 se coloque sistemáticamente por delante de Windows 10. A 1080p ronda ese 4% de ventaja media, y en 4K escala hasta aproximadamente un 5%, lo que, sin ser una revolución, sí se traduce en una experiencia de juego algo más fluida, especialmente cuando se empareja con hardware puntero.

No es casualidad tampoco que, según encuestas como la de hardware y software de Steam, Windows 11 sea ya la versión más utilizada entre los jugadores de PC que usan la plataforma, con un porcentaje creciente mes a mes y varios años de soporte por delante. La combinación de mejores FPS, soporte activo y foco de los fabricantes en optimizar para la versión más reciente está inclinando la balanza a su favor en el terreno del gaming.

Opciones reales para abandonar Windows 10 si no quieres pasar a Windows 11

Con Windows 10 acercándose al precipicio del soporte y Windows 11 generando dudas por la estabilidad de sus actualizaciones, muchos usuarios se preguntan: “¿Y si directamente dejo Windows atrás?”. La buena noticia es que alternativas hay, aunque cada una con sus pros y sus contras según el tipo de uso y el presupuesto disponible.

La opción más evidente, siempre que el hardware lo permita, sigue siendo actualizar a Windows 11 de forma gratuita. Muchos equipos relativamente recientes cumplen con los requisitos (TPM 2.0, procesador compatible, etc.), y la actualización es habitual en PCs que ya estaban cerca del final de su ciclo de vida útil y han sido sustituidos por ordenadores nuevos con Windows 11 preinstalado; si vas a comprar equipo nuevo puedes leer nuestro análisis y opiniones de portátiles con Windows.

Para quienes no pueden o no quieren ir a Windows 11, la alternativa que gana más adeptos es migrar a alguna distribución de Linux. Distros como Ubuntu, Linux Mint, Debian, Elementary, Fedora, Red Hat o SuSE ofrecen requisitos de hardware mucho más relajados que Windows y permiten alargar la vida útil de equipos que, de otro modo, acabarían en un contenedor pese a seguir funcionando perfectamente.

En la práctica, muchos usuarios descubren que, al instalar un Linux moderno, el ordenador va más ligero, se calienta menos, no muestra publicidad integrada y viene sin bloatware. Además, el sistema no recoge datos personales por defecto al nivel que lo hace Windows, y la transparencia del software libre permite controlar mejor qué se instala y cómo se actualiza.

Linux, además, es de código abierto y gratuito, y funciona sin problemas en casi cualquier equipo compatible con Windows 10. Suites como LibreOffice cubren sin coste muchas necesidades de ofimática, y la oferta de software para navegación, correo, multimedia, desarrollo o incluso gaming (con Steam y Proton mediante) es cada vez más amplia y madura.

Entre las distros más amigables para quien viene de Windows, destaca especialmente Linux Mint, que ofrece escritorios con un diseño muy parecido al que ya conocen los usuarios de Microsoft, con menú de inicio clásico y una curva de aprendizaje bastante suave. Ubuntu sigue siendo también una gran puerta de entrada para principiantes gracias a su enorme comunidad y a la cantidad de tutoriales disponibles.

Otras alternativas: macOS, ChromeOS y sistemas más exóticos

Para usuarios o empresas que prefieran no irse al mundo del software libre pero sí quieran salir del ecosistema Windows, otra decisión posible es pasarse a macOS. Eso sí, este cambio implica necesariamente comprar un equipo nuevo de Apple, generalmente más caro que muchos PCs equivalentes, por lo que suele ser una transición más habitual en empresas o profesionales que a nivel doméstico.

La opción de ChromeOS, el sistema de Google pensado para Chromebooks, también gana peso en ciertos sectores. Requiere, en la mayoría de casos, hacerse con un portátil nuevo, pero suele ser más económico que un Mac. A cambio, el usuario recibe un sistema muy centrado en el navegador, aplicaciones web y Android, perfecto para uso ofimático ligero, estudios, navegación y consumo de contenido, aunque algo limitado para tareas que requieran mucha potencia de cómputo o aplicaciones muy específicas.

Más allá de estas alternativas conocidas, existen otros sistemas como Unix, FreeBSD, FreeDOS u OpenBSD. Son soluciones más de nicho, normalmente muy orientadas a entornos concretos, administración de sistemas o tareas especializadas. En muchos casos carecen de entorno gráfico por defecto, se manejan principalmente desde línea de comandos y no están pensados para el usuario medio ni para un PC de uso general.

Por todo ello, lo habitual para quienes desean abandonar Windows 10 sin abrazar Windows 11 es que las opciones más razonables pasen por Linux o, si el presupuesto lo permite, macOS. ChromeOS también se cuela como opción atractiva para quienes buscan un equipo sencillo y barato para tareas cotidianas, mientras que el resto de sistemas alternativos quedan reservados para perfiles muy técnicos o usos muy específicos.

Con este panorama, la situación de Windows hoy es un cóctel curioso: un Windows 10 en retirada que todavía se resiste a desaparecer, un Windows 11 que combina avances reales en rendimiento (sobre todo en gaming) con tropiezos sonoros en sus actualizaciones, y un abanico de alternativas que nunca habían sido tan viables como ahora. Elegir bien pasa por valorar qué necesitas realmente: estabilidad, compatibilidad, juegos, coste, privacidad o, simplemente, la tranquilidad de que tu PC no se convierta en un campo de pruebas cada segundo martes de mes.

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