Trucos para optimizar Windows 11 y subir los FPS en juegos

  • Configurar energía, Modo Juego y la GPU para priorizar el rendimiento en Windows 11 mejora notablemente los FPS.
  • Reducir procesos en segundo plano, notificaciones y aplicaciones de inicio libera recursos clave para los videojuegos.
  • Actualizar Windows, drivers gráficos y cuidar el almacenamiento incrementa la estabilidad y reduce errores en juegos exigentes.
  • Factores externos como periféricos con cable, conexión por cable y controlar temperaturas influyen directamente en la experiencia de juego.

Optimizar Windows 11 para juegos

Desde que Windows 11 llegó al mercado el 5 de octubre de 2021, muchos jugadores se han quedado anclados en Windows 10 porque la nueva versión no terminaba de ir tan fina como esperaban. Con el paso de los años, Microsoft ha ido puliendo el sistema y ahora rinde mucho mejor, pero aún así, si juegas habitualmente, todavía puedes arañar bastantes FPS tocando unos cuantos ajustes clave.

Si eres de los que quieren aprovechar hasta el último fotograma por segundo, evitar tirones molestos, minimizar la latencia y que nada ni nadie interrumpa tus partidas, esta guía te va a venir de perlas. Vamos a repasar, paso a paso, todas las opciones que ofrece Windows 11 para exprimir el rendimiento en juegos, además de algunos consejos externos al sistema operativo que marcan más diferencia de lo que parece.

Optimizar los planes de energía en Windows 11

Una de las primeras cosas que deberías revisar es el plan de energía que usa Windows 11. De serie, el sistema suele venir configurado en modo «Equilibrado», pensado para combinar rendimiento y ahorro, y en portátiles puede que esté incluso en «Economizador» para alargar batería, lo que penaliza el rendimiento en juegos.

Windows ofrece normalmente tres configuraciones básicas de energía: Economizador, Equilibrado y Alto rendimiento. Para jugar, lo que nos interesa es que el procesador pueda trabajar siempre al máximo de sus posibilidades, y eso se consigue seleccionando el plan de Alto rendimiento o el modo de energía más agresivo disponible.

Para cambiarlo, abre el cuadro de búsqueda de Windows 11 y escribe planes de energía. Entra en el primer resultado que aparece y, en la ventana de opciones de energía, selecciona el plan Alto rendimiento. En algunos equipos modernos, esta opción se integra en el menú de Configuración, dentro de Sistema > Energía (o Batería y energía si usas portátil) y ahí puedes elegir un modo similar llamado Máximo rendimiento en el desplegable de modo de energía.

Con este simple cambio, el procesador deja de bajar frecuencias de forma agresiva, se reducen los tiempos de carga en muchos juegos y es menos probable que notes microcortes cuando el sistema necesita potencia extra de golpe. Eso sí, asume que el consumo y la temperatura pueden subir, algo normal si quieres más FPS.

modo juego windows 11

Activar y ajustar el Modo Juego de Windows 11

Windows 11 incluye un Modo Juego integrado que muchos usuarios ni siquiera han mirado. Esta función está pensada para que, cuando se detecta que estás jugando, el sistema reduzca la carga de servicios y aplicaciones en segundo plano que no son esenciales, concentrando la mayoría de recursos en el juego.

Para activarlo, pulsa Windows + I para abrir Configuración y entra en el apartado Juegos. Dentro verás la opción Modo juego; solo tienes que activar el interruptor para habilitarlo. A partir de ese momento, cada vez que ejecutes un título, Windows limitará ciertas tareas en segundo plano para priorizar la experiencia de juego.

Esta característica suele ayudar a reducir picos de uso de CPU y pequeños tirones cuando se ejecutan procesos secundarios. No hace milagros, pero sí aporta una mejora general de estabilidad, sobre todo si normalmente tienes muchas cosas abiertas mientras juegas.

Además de activar el Modo juego, en el mismo bloque de configuración de Juegos encontrarás accesos a otras opciones interesantes, como el apartado Gráficos, donde podrás jugar con la prioridad de la GPU para determinados títulos, algo que veremos a continuación con más detalle.

Elegir la GPU de alto rendimiento para tus juegos

En muchos equipos, especialmente en portátiles con gráfica integrada y dedicada, Windows decide por su cuenta qué GPU usar para cada aplicación. A veces acierta y otras no tanto, dejando juegos exigentes con la GPU integrada, lo que se traduce en un rendimiento muy pobre.

Para controlar esto, accede de nuevo a Configuración > Sistema > Pantalla > Gráficos (o desde Juegos > Configuración relacionada > Gráficos, según la versión). Ahí verás una lista de aplicaciones y juegos instalados. Puedes añadir manualmente cualquier ejecutable que no aparezca.

Selecciona el juego que quieras optimizar y pulsa en Opciones. Se abrirá una pequeña ventana donde podrás escoger entre tres modos: Permitir que Windows decida, Ahorro de energía y Alto rendimiento. Lo interesante para juegos es marcar Alto rendimiento, donde normalmente se especificará el nombre y modelo de tu tarjeta gráfica dedicada.

De este modo te aseguras de que ese juego en concreto use siempre la GPU potente y no la integrada. Este ajuste es especialmente importante si has notado que un título rinde mucho peor de lo esperado o si el ventilador apenas se activa, señal de que la gráfica grande ni se inmuta.

HAGS

Habilitar la programación de GPU acelerada por hardware (HAGS)

Una de las novedades más llamativas que Microsoft ha introducido en Windows 11 es la programación de GPU acelerada por hardware, más conocida como HAGS. Esta tecnología permite que la tarjeta gráfica gestione por sí misma parte de la memoria de vídeo (VRAM) sin depender tanto del procesador.

El objetivo es claro: reducir la latencia y mejorar el rendimiento en juegos y aplicaciones 3D. Al liberar ciclos de la CPU, se minimiza el cuello de botella cuando tienes una GPU relativamente potente acompañada de un procesador algo más justo.

Para activarla, abre Configuración con Windows + I, entra en Sistema > Pantalla > Gráficos y desplázate hasta encontrar la opción Programación de GPU acelerada por hardware. Verás un interruptor que puedes activar o desactivar. En algunos casos puede que te pida reiniciar el equipo para aplicar el cambio.

En tarjetas modernas, como las series NVIDIA RTX 40 y RTX 50, tener HAGS activado es casi obligatorio si quieres aprovechar funciones avanzadas como la generación de fotogramas.

Sin embargo, hay que tener en cuenta que en equipos antiguos, con drivers desactualizados o GPUs que no llevan muy bien esta característica, HAGS puede provocar stuttering, inestabilidad o cierres inesperados del juego. Si juegas a títulos competitivos donde la estabilidad es sagrada, merece la pena hacer pruebas comparando el comportamiento con HAGS activado y desactivado.

Controlar y desactivar notificaciones durante las partidas

Las notificaciones de Windows pueden parecer inofensivas, pero además de romperte la concentración en mitad de una partida, también consumen recursos y ciclos de CPU, sobre todo si hay muchas apps enviando avisos constantemente.

Para limitar su impacto antes de jugar, ve a Configuración > Sistema > Notificaciones. Dentro encontrarás una opción general para «Obtener notificaciones de aplicaciones y otros remitentes». Si desmarcas esta casilla, bloquearás la mayoría de avisos emergentes mientras esté desactivada.

También puedes ajustar app por app qué puede notificar y qué no, pero si lo que quieres es centrarte al máximo en el juego, lo habitual es desactivarlas todas temporalmente. Después de tu sesión de juego, siempre puedes volver a activar las que consideres importantes.

Al reducir notificaciones, eliminas pequeñas interrupciones que, aunque no parezca gran cosa, pueden provocar saltos de escritorio, bajones de FPS o cambios de foco que te arruinan una jugada decisiva en un juego competitivo.

Desactivar VBS (Seguridad Basada en Virtualización) para ganar FPS

Windows 11 incorpora varias funciones de seguridad avanzada, entre ellas la llamada VBS o Seguridad Basada en Virtualización. Está pensada para aislar procesos sensibles en entornos virtuales, mejorando la protección frente a malware, pero a cambio introduce una penalización de rendimiento notable en algunos casos.

En entornos de trabajo o equipos donde la seguridad es prioritaria, tiene mucho sentido mantener VBS activa. Sin embargo, si usas el PC principalmente para jugar y quieres sacar el máximo rendimiento del hardware, puede merecer la pena desactivarla, siempre desde la responsabilidad de saber que reduces una capa de protección.

Para comprobarlo, ve a Configuración, entra en Privacidad y seguridad > Seguridad de Windows y, cuando se abra la nueva ventana, accede a Seguridad del dispositivo. Dentro encontrarás una sección llamada Integridad de memoria. Si el interruptor está activado, desmárcalo para deshabilitar esta característica.

Tras reiniciar, en muchos equipos se nota una mejora en tasas de FPS y tiempos de carga, especialmente en títulos que hacen uso intensivo de CPU. No es una solución mágica, pero puede ser el empujón que necesitabas si ya tenías todo lo demás optimizado.

Limpiar el arranque: quitar programas que se inician con Windows

Con el tiempo, Windows 11 tiende a acumular aplicaciones que se ejecutan al iniciar el sistema: clientes de chat, programas de actualización, launchers de juegos, servicios de sincronización en la nube y un largo etcétera. Todo eso compite por la RAM y la CPU antes incluso de abrir tu juego favorito.

El método más rápido para controlar esto es abrir el Administrador de tareas con Ctrl + Shift + Esc. Una vez dentro, ve a la pestaña Aplicaciones de inicio (o Inicio en algunas versiones). Verás un listado de programas que se cargan al encender el PC junto con su impacto estimado en el arranque.

Selecciona aquellas aplicaciones que no necesitas tener desde el primer minuto (por ejemplo, utilidades que solo empleas de vez en cuando) y pulsa el botón Deshabilitar situado en la parte superior izquierda. De esta forma, no se iniciarán automáticamente y liberarás recursos desde el arranque.

Es importante mantener activas solo las herramientas realmente imprescindibles, como el software de tu tarjeta gráfica o aplicaciones críticas para tu hardware. El resto, mejor lanzarlas cuando las necesites y no que estén todo el rato consumiendo recursos en segundo plano.

Cerrar aplicaciones y procesos en segundo plano antes de jugar

Más allá de lo que se inicia con Windows, es muy habitual tener abiertas un montón de aplicaciones en segundo plano mientras jugamos: navegadores con muchas pestañas, editores, reproductores de vídeo, herramientas de streaming, etc.

Todo esto compite por la memoria RAM, la CPU e incluso el ancho de banda de internet. Si notas que un juego se arrastra más de la cuenta o da tirones cuando cambias de escena, lo primero es asegurarse de que no tienes medio sistema operativo lleno de apps activas.

De nuevo, puedes usar el Administrador de tareas (Ctrl + Shift + Esc) y, en la pestaña Procesos, revisar qué programas están usando más recursos. Si hay alguno que no necesitas en ese momento, haz clic derecho sobre él y elige Finalizar tarea. Hazlo solo con aplicaciones que reconozcas, para evitar cerrar algo crítico del sistema.

Aunque parezca obvio, muchos usuarios se olvidan de este detalle y luego se extrañan de que los FPS no sean estables o haya stuttering constante. Un par de pestañas de navegador con vídeos en streaming pueden consumir mucha RAM y parte de la CPU sin que te des cuenta.

Windows Update

Actualizar Windows 11 para mejorar estabilidad y rendimiento

Existe la creencia de que las actualizaciones de Windows solo traen cambios estéticos o funciones que nadie ha pedido, pero la realidad es que la mayoría van cargadas de correcciones de errores y pequeñas optimizaciones de rendimiento.

Para comprobar si tienes el sistema al día, entra en Configuración > Windows Update. Una vez dentro, pulsa en Buscar actualizaciones y espera unos segundos. Si el estado muestra que todo está actualizado, puedes, si quieres, consultar el apartado de actualizaciones opcionales.

En ocasiones, esas actualizaciones opcionales incluyen controladores no críticos u otros componentes que pueden resolver problemas concretos con determinados juegos o mejorar la compatibilidad con nuevo hardware. Si ves algo relacionado con tu tarjeta gráfica, chipset o componentes clave, suele ser buena idea instalarlos.

En el caso de que Windows detecte nuevas actualizaciones generales, selecciona Descargar e instalar. El sistema se encargará de bajar y aplicar los parches, y en muchos casos notarás un comportamiento más estable, con menos crasheos y pequeños bugs que se habían ido acumulando.

Actualizar y cuidar los controladores de la tarjeta gráfica

Si hay un componente crítico para jugar es la GPU y sus controladores. Por muy buena que sea tu tarjeta gráfica, si los drivers están desactualizados o corruptos, te vas a encontrar con problemas de rendimiento, errores gráficos y cierres inesperados.

Una forma rápida de forzar una búsqueda de controladores es hacer clic derecho sobre el botón de Inicio y abrir el Administrador de dispositivos. Dentro, despliega Adaptadores de pantalla, selecciona tu tarjeta gráfica y pulsa en Actualizar controlador. Windows intentará localizar un driver adecuado.

Aun así, lo más recomendable es ir directamente a la web oficial de NVIDIA, AMD o Intel (según la GPU) y descargar el último paquete de controladores disponible. Estos fabricantes suelen publicar drivers optimizados para los lanzamientos más recientes, incluyendo mejoras específicas para determinados juegos.

Unos buenos drivers no solo aportan más FPS, sino también menos errores visuales, mejor gestión de la VRAM y compatibilidad con tecnologías como DLSS, FSR o el propio HAGS que hemos comentado antes.

Activar y configurar el sensor de almacenamiento

El disco, ya sea SSD o HDD, también juega su papel: cuanto más lleno y desorganizado esté, más fácil es que notes cargas lentas y pequeños tirones cuando el juego tiene que leer muchos datos. Para ayudar con esto, Windows 11 cuenta con el llamado sensor de almacenamiento.

Esta herramienta se encarga de limpiar archivos temporales innecesarios y gestionar el espacio del disco de forma automática. Para activarla, abre Configuración y escribe en la barra de búsqueda «Sensor de almacenamiento». Entra en la opción Activar sensor de almacenamiento.

Dentro verás un interruptor para ponerlo en marcha. Al habilitarlo, Windows se encargará de borrar datos temporales y realizar tareas de mantenimiento cuando sea necesario, sin que tengas que estar pendiente. También puedes ajustar más parámetros pulsando en la opción de configuración adicional que aparece justo debajo.

Esto no va a duplicar tus FPS, pero sí ayuda a mantener el sistema más ligero, con menos basura acumulada y menos procesos extra asociados a gestión de archivos, lo que suma estabilidad y reduce el riesgo de cuellos de botella asociados al almacenamiento.

Periféricos y conexión: detalles externos que afectan a la experiencia

Más allá de Windows 11, hay una serie de factores externos que influyen mucho en cómo percibes el rendimiento de tus juegos, aunque no toquen directamente el conteo de FPS. Uno de ellos es el uso de periféricos con cable frente a inalámbricos.

En el mercado existen ratones, teclados y mandos inalámbricos con latencias muy bajas, pero en la práctica, si quieres minimizar cualquier retraso entre lo que haces y lo que ves en pantalla, el cable sigue siendo la opción más segura. Evitas interferencias, problemas de batería y pequeñas desconexiones que en plena partida competitiva pueden ser fatales.

Otro aspecto clave es la forma en que conectas tu PC a internet. Siempre que puedas, utiliza un cable de red RJ-45 directamente al router. Las conexiones Wi-Fi están sujetas a interferencias, paredes, saturación de canales y otros factores que aumentan la latencia y producen pérdidas de paquetes.

Si no te queda otra que tirar de Wi-Fi porque el router está lejos, plantéate usar un kit PLC que lleve la señal por la instalación eléctrica de casa. No es perfecto, pero en muchos casos mejora bastante la estabilidad frente a una Wi-Fi débil y con poca cobertura.

Todo esto no aumenta literalmente los FPS, pero sí reduce la sensación de lag, los picos de latencia y la inestabilidad online. Al final, para jugar bien, no solo necesitas un buen número de fotogramas, sino también un entorno de red y periféricos que respondan al instante.

Ajustar la configuración gráfica de los juegos

Aunque Windows 11 esté perfectamente afinado, cada juego tiene sus propias opciones gráficas internas, y en muchos casos no se configuran de forma óptima de manera automática. Algunos títulos detectan tu hardware y ajustan todo bastante bien, pero otros pecan de ambiciosos o demasiado conservadores.

Si notas que el rendimiento deja que desear, entra en el menú de opciones gráficas del juego y prueba a bajar la calidad de sombras, reflejos, distancia de dibujado o filtros avanzados. Estos apartados suelen ser los que más merman los FPS sin aportar un salto visual tan abrumador.

También puedes usar las aplicaciones de tu fabricante de GPU, como NVIDIA GeForce Experience o AMD Software, que ofrecen perfiles de optimización para muchos juegos. Con un clic, ajustan la configuración interna del título para encontrar un equilibrio razonable entre calidad y rendimiento en función de tu hardware.

Al jugar con estos parámetros, conseguirás alcanzar un framerate estable y consistente, algo mucho más importante que perseguir la máxima calidad visual absoluta con bajones constantes de FPS que perjudican la jugabilidad.

Controlar la temperatura de CPU y GPU

La temperatura es otro factor crítico del que muchas veces no se habla. Si tu procesador o tu tarjeta gráfica se calientan más de la cuenta, comienzan a bajar su frecuencia para protegerse, lo que se traduce en una caída automática de rendimiento cuando más lo necesitas.

Para evitarlo, es recomendable usar herramientas de monitorización que te permitan ver las temperaturas de CPU y GPU mientras juegas. Si observas valores muy altos de forma constante, quizá haya polvo acumulado, una mala ventilación en la caja o la pasta térmica esté en mal estado.

Mantener las temperaturas bajo control no solo alarga la vida útil de tus componentes, sino que garantiza un rendimiento más estable y sostenido durante sesiones largas. No sirve de mucho tener el sistema súper optimizado si al cabo de media hora de juego todo empieza a sufrir por exceso de calor.

Al juntar todas estas optimizaciones de Windows 11 —ajuste de energía, Modo Juego, HAGS, control de notificaciones, limpieza de arranque y procesos, drivers y actualizaciones al día— con buenos hábitos a nivel de hardware, periféricos y red, tu equipo queda preparado para ofrecer un rendimiento de juego mucho más fluido, con menos tirones, mejor estabilidad y una experiencia general muy superior sin necesidad de cambiar de PC inmediatamente.

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